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Tercer Capítulo: Indagaciones

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Capítulo Anterior: Un Crimen Atroz

Carlos Márquez comenzó a indagar en todos los rincones de la ciudad que eran cercanos a los homicidios, investigo si existieron hechos históricos acontecidos en las cercanías o algún tipo de relación casi imperceptible entre las víctimas, puede que entre los difuntos no exista alguna relación pero en su mente cabía la posibilidad de considerar que había mínimo una persona más en la escena del crimen.

Dicha persona desconocida era quien se llevaba las partes cercenadas y terminaba de cortar la cabeza, obviamente el suicida no podría haberse cortado el solo, en ambos casos disponían de pequeños objetos corto punzantes que requerían tiempo y esfuerzo en poder cercenar una mano.

Todos los vehículos que podían visualizarse en las grabaciones permanecían muchos minutos e incluso horas después del suicidio, es decir que el recogedor de miembros no usaba ninguno de estos y fueron identificados todos los dueños de los carros.

La opción de poder escapar hacia el cielo sabe dónde con una cabeza y una mano a pie parecía hacer dudar la existencia de aquella persona, Carlos supuso que dicho trabajo solo lo realizaría una persona, en caso de ser dos significa un mayor peligro a ser descubierto y el corte de los cuellos era como la primera vez que alguien despelleja el pollo, no sabe usar bien el cuchillo y parece ejercer presión en vez de serruchar con este por lo tanto es alguien que es primerizo que ni siquiera ha de saber cómo cortar un filete de carne de manera adecuada.

La mujer que fue encontrada se encontraba paseando sola esa noche, no poseía compromiso ni hijos, en su cuerpo no se pudo hallar ningún celular, pero al contactar familiares estos supieron indicar que ella había comprado hace poco un modelo de una marca conocida, por lo cual Carlos dedujo que quien se llevó la cabeza poseía el celular, pero lo más importante estaba en el hecho que el hombre fue encontrado con su celular, todas sus conversaciones y mensajes no reflejaban que se encontraría con nadie dicha noche, solo eran conversas amistosas.

En la primera escena del crimen fue encontrado el celular que es visible en las grabaciones, en la segunda escena nunca se ve a la mujer usar su celular con excepción de una hora antes de la tragedia, por lo tanto se pueden deducir varias opciones que justificarían la ausencia del celular.

Se estaba poniendo en contacto con una persona fuera de su círculo interno y familiares, dicha persona debe ser quien recogió las partes del cuerpo, se puede sospechar por el hecho de que ninguno de sus amigos llego al sector y en la investigación ningún conocido tenía planeado reunirse con la difunta como tampoco conocían de sus planes aquel día.

Puede que hubiese tomado foto de algo o grabado un video, quizás ella no sería quien iba a morir esa noche, vio una actitud sospechosa y decidió registrarla.

En las grabaciones al encontrarse fuera de la calle comienza a fumar y es notable como mira hacia todos los lados, su lenguaje corporal refleja intranquilidad, por lo que haber salido del bar donde se hallaba era un poco tonto a menos que algo la hiciera sentir amenazada en aquel lugar, se encontraba dentro de un establecimiento repleto de personas donde podría verse en menor peligro que en la calle.

El análisis respectivo de ambos cuerpos pudo sacar a flote que poseía un alto contenido de aliento del diablo, aquella droga maldita que inhibe del juicio a sus víctimas.

Por lo tanto Carlos pudo deducir la siguiente conjetura:

En la primera escena del crimen el difunto estaba paseando y en un momento dado sale a fumar, después sucede el suicidio como si fuese un acto voluntario y deseado. Su celular es encontrado al igual que la billetera.

En la segunda escena la mujer está disfrutando en un bar, se puede notar como llega al bar y tenía horas en dicho sitio tomando, disfrutando del ambiente pero comienza a chequear su celular y sale de allí.

Entonces en las afueras del local, en plena calle vacía comienza a fumar mientras ve alterada su entorno, hasta que parece entrar en paz y es el momento donde da rienda suelta a la autolesión. Su celular no es encontrado en ningún parte, pero si su billetera.

Por lo recopilado ambas víctimas fueron drogadas de alguna forma e inducidas al suicidio, en ningún caso se les ve hablar con nadie en persona a más de un par de sujetos en las discotecas que ya fueron interrogados y los mensajes del primer difunto no reflejan actitudes suicidas. Por lo tanto alguien suministro la droga en un punto entre una a dos horas antes del suicidio para que haga efecto lentamente.

Las cámaras de los establecimientos muestran como los ahora muertos iban al baño, pero nadie después de ellos o antes con poco intervalo de tiempo, también la actitud de la mujer deja claro que o bien podría sufrir en ese momento un ataque de ansiedad o de verdad se encontraba amenazada.

Carlos entonces concluyo que el recogedor es quien suministra la droga y está vigilándolos constantemente para asi saber en qué momento accionar, no posee vehículo alguno y solo opera de noche para escabullirse mejor con sus premios enfermizos que parece reclamar de los suicidas, de alguna forma sabe cómo burlar las cámaras y que el misterio más grande son los cigarros.

Ambas personas fumaron momentos antes de iniciar su momento suicida, pero en ambas escenas no se encontraron colillas de cigarro, se debe hacer hincapié que la policía registro la hora de haberse consumado y efectuó un levantamiento de pistas lo más pronto posible, por lo tanto podría estar cerca dicha colilla y no fueron noches de vientos.

Tampoco llevaban en su cuerpo cajetillas de cigarro y los amigos íntimos o familiares revelaron que nunca los vieron fumar en vida, en peor de los casos la mujer sufría de asma y el hombre mantenía una vida libre de tabaco por un hermano fallecido de cáncer de pulmón.

Como cerecita en el pastel ambas manos amputadas fueron la derecha, pero las víctimas eran zurdos, aquel pequeño detalle era muy extraño, ambas personas no tenían costumbre de fumar, zurdos de nacimiento, murieron viernes y horas cercanas, por lo tanto aun cuando más lejanos parecían ser, tenían cierta cercanía en pequeñeces que para Carlos podrían ser significativas.

Estos detalles al parecer insignificantes permiten constatar que el recogedor conocía a las víctimas de alguna forma o todo eran una gran cantidad de coincidencias.

Ambas escenas del crimen eran alejadas por muchas cuadras, pero presentaban una gran particularidad, los sectores donde se encontraban los establecimientos comerciales tienen un excesivo resguardo policiaco en determinadas horas y pasada la madrugada es común ver miembros de pandillas en la zona, estos protegen los locales de personas belicosas u otros ladrones fuera del sector en lo que denominan su territorio.

En ese caso lo suicidios acontecieron casi en la misma hora siendo una coincidencia que la policía hace batida en el sector hasta la media noche y los pandilleros comienzan a la una de la madrugada a pasear en sus motos por el sector, dicha hora es conocida como la hora feliz.

Quien suministro la droga conoce el sector, sabe que en dicha hora nadie estaría merodeando por las calles y la cerecita del pastel radicaba que a tan solo dos cuadras de ambos establecimientos al cruzar callejones sin luminarias se podía llegar al cementerio general.

El recogedor debía haber huido en aquellas dos ocasiones por dichas peatonales que no poseen iluminación y no existe regeneración urbana en ese sector por lo tanto no es resguardado con cámaras.

Entrar al cementerio solo era posible en las altas horas que se cometían las muertes, los guardias solo resguardaban las puertas del camposanto y aunque tenían la tarea de patrullar se limitaban a pequeñas vueltas cerca de su entrada, escuchaban voces y algunos poseían temor de que en las partes más oscuras algo los ataque.

El recogedor debía ser alguien que trepara las rejas del cementerio, solo la sección cuarta y quinta se encontraban sin malla eléctrica por lo tanto este era el lugar adecuado y dichas secciones se ubican frente a peatonales desamparadas.

Carlos siempre se dedicaba a trabajar solo, no solicitaba refuerzos con excepción de un par de policías que con los cuales tenía confianza.

Logró conseguir un permiso y hacer todos los trámites pertinentes para poder inspeccionar el cementerio, cargó dos pistolas, un cuchillo y un par de cargas por si la situación se tornase peligrosa, su linterna colgaba de su pantalón y usaba un uniforme oscuro con un chaleco antibalas ligero por si existiese algún tipo de eventualidad, también llevaba un poco de alcohol y mentol, con un par de años de experiencia nunca estaba de más si le tocaba entrar en algún lugar pestilente.

Eran las ocho de la noche cuando entró por la puerta principal del cementerio, era viernes y tan solo había pasado una semana de que falleciera la mujer, concluyó que podría ocurrir un asesinato así que esperaba encontrarse con alguien o pruebas en el camposanto, mientras que mandó a patrullar todo los sectores aledaños donde ocurrieron los crímenes.

Los demás policías no le daban apoyo directo por conocer que tipos de casos crueles eran sus preferidos de resolver, así que siempre trabajaba con la ayuda de su hijo adoptivo, quien se dedicaba a investigar para él y le pasaba la información por mensajes.

Tenía horas merodeando los pasajes del cementerio, no encontraba ningún tipo de rayón o grafiti en estos como tampoco la pintura era reciente por lo tanto no habían personas causando problemas en el cementerio en la mañana y tampoco en la noche, no pudo observar fundas de comida o colillas de cigarro en ningún lado, pero si le pareció bastante curioso un hecho que vio, donde comienza la quinta puerta y culmina la cuarta se encuentra una plaza con la tumba de un antiguo presidente.

Lo extraño radica que en dicho sector del cementerio los gatos no cruzan, en todo lo demás están paseándose entre tumbas y asientos, pero conforme el animal pasa cerca del lugar parece asustarse y se aleja.

Había llevado un par de piqueos para calmar el hambre y también agua para mantenerse hidratado o en caso de heridas, pero cuando ya había inspeccionado ambas puertas sin encontrar nada tomó asiento en un pabellón abierto, cercano a la plaza.

Aún faltaba cerca de dos horas para que sea la medianoche así que si en caso de no suceder nada o ser notificado hasta la una de la mañana solicitaría que le recojan y así marcharse a su hogar.

Se encontraba inmerso en sus propios pensamientos esperando que el tiempo pasara hasta que sintió la vibración de su celular, reviso y tenía un mensaje.

—Jefe, según los siguientes datos ambas víctimas tenían en común haber asistido a una reunión de zurdos celebrada hace seis meses, poseo el listado y dicho evento se trataba de implementos del diario vivir para zurdos, de existir otra víctima y ser zurda quiere decir que el asesino es alguien que estuvo en la conferencia, solo quince personas participaron y hubo un orador al cual el día de mañana podría ser entrevistado—

—Gracias por tu trabajo, hoy se decidirá si el asesino pertenece a tal grupo, en caso de hallar algo o necesitar ser recogido te notificaré, estamos en contacto—le pareció increíble la posibilidad que el asesino cace personas que tienen un rasgo tan ínfimo.

Pasaron muchos minutos hasta que logró escuchar un leve ruido como si algo hiciera sacudir las rejas, salió en absoluta oscuridad y miraba con cuidado, pudo dilucidar una sombra que caminaba como gato agazapado sosteniendo una gran funda que parecía ser de yute.

Conforme la figura se movía él a lo lejos le seguía el paso en aquel viejo laberinto de la muerte, notó que la sombra que pensaba ver no era más que un muchacho menor bastante joven, apenas vio su cabello y rostro le era difuso.

Pensó acercarse con velocidad y apuntarle con el arma, pero quería conocer que secretos podía mostrarle escondidos en aquel viejo cementerio, el aspecto andrajoso y parecía hablar solo le hicieron estremecer, notó como el joven tomó rumbo hacia la plazoleta donde los gatos no se acercaban y en la estatua del presidente tocando ambos ojos sonó como si un cerrojo se aflojara, entro en el pabellón de este y Carlos comenzó acercándose hasta que pudo ver una trampilla con escaleras por las cuales supuso había ido el sujeto.

La trampilla se cerró y quedó en aquel pabellón vigilando si alguien salía de nuevo, pensó que aquel túnel debió ser puesto hace tiempo antes que los asesinatos, pero le invadía la duda de si los cuidadores del cementerio tenían conocimiento o fue una obra secreta y olvidada de los tiempos que la ciudad era invadida por piratas.

Mensajeo a su ayudante solicitando que sea recogido, un túnel secreto por el cual escapo un muchacho con aquella funda era muy sospechoso como para ser un delincuente común, aunque llevaba años en la policía sabía que siempre existía interés políticos cruzados con la podredumbre de la calle.

Su ayudante le contestó que en unos minutos iría a recogerlo en la puerta seis la cual estaba con guardianía por orden suya, también le comentó que fue hallada una nueva víctima y esta vez le faltaban ambas manos, pero sus ojos no estaban mientras que la cabeza si, el método de recolección había cambiado con excepción que era alguien saliendo de un bar cerca del cerro, con velocidad dedujo que si aquel asesinato hubiese hecho tal acto era para confundir a quienes siguen sus pistas o los ataques son de carácter personal y la mutilación de los miembros tiene algún significado, aquella victima también perteneció al grupo que fue a dicha conferencia por lo tanto el asesino debía ser un hombre joven que haya participado en el evento con algún tipo de asunto inconcluso o rencilla con las víctimas.

Se encontró con su ayudante y prefirió no conversarle de lo que vio, solo confiaba en un par de policías que aunque el catálogo de vagos eran leales, tres investigadores que trabajaban conjunto con el jefe de la policía.

Consideró que en primer lugar iría hablar con las personas que estuvieron en la conferencia, en la prensa no se dio nombre de las víctimas ni datos personales por lo tanto estos no tenían conocimientos de estar bajo ataque y debía discernir si la selección de víctimas era al azar o existían criterios específicos por que morían.

Ángelo Buenaventura, presentador de show artístico y fue él quien dictó una conferencia de zurdos en la ciudad, se dedicaba al espectáculo y tenía un negocio para zurdos como un hobby, aunque algunos consideraban tal idea absurda y supusieron que era un método de lavar dinero.

De cabello castaño oscuro, bigote de brocha y lentes oscuros con ropa siempre semi formal se le podía encontrar en su negocio cuando no tenía algún asunto del espectáculo.

Carlos le había citado para hablar con la excusa que deseaba tener una idea de cómo mejorar su casa para su hija zurda, era buen mentiroso si la situación lo requiere.

—Es un gusto para mí saludar un hombre tan preocupado por el bienestar de su descendencia—le dio la mano mientras le sonrió, el tipo era carismático y su voz parecía armoniosa como si sus palabras buscaran adular y enganchar como un vendedor profesional.

—Buenas el gusto es mío, quisiera charlar sobre un tema en concreto—

—Claro mi estimado, pregúnteme lo que guste—le invitó a tomar asiento.

— ¿Usted dio una charla para zurdos hace unos cuantos meses en el palacio de cristal donde asistió el señor José Madero Aguirre y una señora de medio siglo de edad de nombre Lourdes Tiwinza? —la cara del sujeto cambio y no mostraba su sonrisa, parecía hacer notar un recuerdo amargo.

—Sí, es imposible olvidar aquella charla por lo que sucedió, no recuerdo bien a las personas que menciona usted, pero supongo que son parte de lo que aconteció ese día, ¿Usted es policía? ¿Qué anda buscando? Sea específico y sin rodeos—sacó un cigarro y comenzó a fumarlo mientras esperaba una respuesta satisfactoria.

—Si soy policía, me encuentro investigando la muerte de aquellas dos personas y una tercera de nombre Víctor Buendía, todos fueron a su charla y han muerto en los últimos viernes así que necesito me cuente que sucedió aquel día o si hubo un suceso en particular, aunque por sus palabras parece que fue un evento memorable—

—Sí que lo fue, toda la charla marchaba con tranquilidad, pero en un momento al cabo de media hora de iniciar llegó un muchacho que había cruzado la seguridad, se le notaba descuidado en su aspecto, comentó que deseaba escuchar la charla porque su papa había sido zurdo y él de niño fue zurdo pero su abuela le pegaba para que escriba bien, sentí empatía por él y le permití estar en aquel lugar porque dicho recuerdo me fue recíproco, pero al cabo de unos minutos una mujer de edad que he de suponer quien mencionas y otro joven vestido de oficinista sentados frente él se quejaron que este no paraba de hacer gestos extraños y que murmuraba, le pedí al muchacho que me indicara su nombre y solo respondió Lázaro, le pregunte si estaba bien o necesitaba ayuda pero noté que él temblaba como si tuviese frío, la mujer y el sujeto le siguieron reclamando que se calle, esto fue mencionado también por dos hombres más y comencé apaciguar la situación, el muchacho se mantuvo en silencio—

—Al parecer los difuntos eran personas de pocas pulgas, si ellos lo trataron así eso debió haber hecho resentir al joven—

—Considero que sí, al culminar la charla había una mesa de bocadillos en la cual todos se acercaron, yo estaba respondiendo preguntas pero dicha mujer y el otro sujeto le impidieron al muchacho, le dijeron que había perdido la cabeza porque murmuraba de nuevo, otro tipo le dijo que debería verse bien y saber que ante los ojos de todos era una piltrafa de persona, aquel tipo lo empujo y hubo un último que mencionó que sentía vergüenza solo dirigirle un par de palabras, pero que si tiene problemas de drogas o psicológicos busque otro lugar donde ser miserable—

—Fueron en exceso intolerantes con él, pobre alma debió sentir mucho desprecio en tan poco tiempo—

—Aquellos tipos que pidieron que se calle la primera vez fueron los mismos que junto a la mujer y el oficinista impidieron que se acercara a la mesa, los hice mover y yo mismo le serví  un par de bocadillos, le di una funda con estos y un par de billetes, ese muchacho se veía perturbado entre momentos, parecía que sentía miedo pero dicha emoción era en intervalos, me agradeció y dijo una frase que no logre entender—el sujetó trataba de acordarse de la frase criptica que le fue mencionada.

— ¿Qué frase te dijo? —Carlos sintió curiosidad y logró entender que el oficinista era la primera víctima, él y la mujer perdieron la cabeza como ellos le habían juzgado, también su mano, la tercera víctima perdió sus ojos y ambas manos, habiéndole dicho que no deseaba verlo y empujándolo eso quiere decir que existiría una cuarta víctima que perdería su lengua o forma de hablar.

—Dos cabezas, cuatro manos, dos ojos y una lengua será el precio de las injurias, la niebla detendrá el fuego, todos serán por el gran ave, créame que después de haber escuchado la frase la escribí, me sorprendió bastante, pero a la vez sentí seguridad porque el muchacho me sonrió y dijo que era buen tipo que le recordaba a un sujeto vestido de blanco que conoció en Toronjal—

—Gracias por aquellos datos eso esclarece la situación, pero ahora me tocará buscar quien puede ser el otro sujeto que le hablo grosero, su vida corre riesgo, ¿Acaso recuerda el nombre o la apariencia de aquel sujeto? —

—No creo que aquel muchacho sea capaz de algo tan atroz, pero si te sirve recuerdo que aquel tipo tenía un bigote mal hecho, cabello largo lacio y un tatuaje en el dorso de una mano no recuerdo cual diseño poseía—

—Gracias por todos los datos, ha sido de mucha ayuda aunque le sugiero que se cuide mucho, existe demasiado peligro y me encargaré de buscar a la última posible víctima para mantenerla resguardada—



Segundo Capítulo: Un Crimen Atroz

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Capítulo Anterior: El Hospital

Era el año 2008 el país se encontraba en su mejor momento económico en décadas, el alza del barril de petróleo permitió mejorar todos los aspectos de la economía y garantizaba estabilidad, las personas compraban y existían muchas plazas de trabajo esperando ser ocupadas, se habían reducido los impuestos y los emprendimientos comenzaban a surgir como espuma.

Se comenzaron a realizar obras públicas y el negocio de la construcción volvió al auge, la delincuencia parecía disminuir por el aumento de fuerza policial y empleo, eran abiertas nuevas instituciones educativas junto programas de emprendimiento.

Toda la zona norte del malecón estaba atareada de transeúntes que iban y venían de las discotecas, mientras que los locales de micheladas se habían convertido en un negocio exitoso, de igual forma las carretas de morocho y el sector por estar cercano a muchas empresas era invadido al pasar la hora de salida.

Durante semanas se comenzaron encontrar personas vendiendo todo tipo de objetos en aquellas calles para generar un ingreso extra, cigarros, pulseras, anillos y gorras era lo común.

Un día viernes todo este ambiente alegre y lleno de comercio cambio rotundamente.

En la calle más oscura cerca del cerro fue encontrado un cuerpo el cual no poseía cabeza ni mano derecha, la escena era de lo más grotesca, el corte de la mano había sido con un cuchillo o algún tipo de serrucho, la carne se encontraba hecha girones.

Todas las personas al salir de las discotecas se alarmaron y procedieron a llamar a la policía, el área fue acordonada y se inició una investigación sobre los hechos posibles que desencadenaron tal locura.

La victima logro ser reconocida por su cedula como Juan José Madero Aguirre, era un trabajador de medio tiempo en un call center que según reportes el día que encontraron el cuerpo salió de su trabajo a las ocho y media con rumbo hacia los bares, tenía la costumbre de ir a tomar un par de copas sea acompañado o solo todos los viernes, su puesto de trabajo se encontraba cinco calles abajo y su casa estaba en el sector norte de la ciudad.

El cuerpo fue encontrado cinco horas después de haber salido de la oficina, en dicho intervalo de tiempo se buscó en la cámara de ojo de águila y las cámaras de las discotecas si su figura aparecía.

Al comienzo fue un trabajo bastante difícil para la policía, los dueños de los establecimientos no querían ceder en un inicio dichas grabaciones, pues en algunos de sus locales se consumía droga y se vendía al que desee, pero viendo aquel cuerpo despedazado supieron entonces que debían tener más miedo de lo que mato al pobre Juanjo que la policía.

Los videos de los locales pudieron mostrar que aproximadamente entre la llegada del ahora difunto y once de la noche, se encontraba paseando de una discoteca a otra totalmente solo, sin revisar el celular, solo pedía un trago y disfrutaba el ambiente, al cabo de las doce salió caminando sin muestras de estar alcoholizado.

Anduvo hacia donde se encontraría su cuerpo y saco un cigarrillo que comenzó a disfrutar, faltaba poco para ser hallado sin vida y cabeza, en su mano derecha sostenía el celular y con la izquierda el encendedor. No había nadie más a su alrededor, todo esto fue captado por la cámara de ojo de águila que supervisaba la calle.

Siguió fumando por cerca de veinte minutos hasta que sucedió lo inaudito, el humo comenzó a aumentar y parecía existir una especie de neblina invadiendo la calle, reportes de varias personas alrededor del sector certificaron que el suceso fue inusual, como si una nube se hubiese posado, la victima volvió a ser visible, actuaba con suma tranquilidad pese a estar en medio de tanta niebla hasta que procedió a sacar un cuchillo plegable de su pantalón el cual uso para cortar su mano.

Los policías miraban estupefactos, algunos giraban la cara evitando ver como con naturalidad aquel hombre usaba como sierra dicho cuchillo sin mostrar ningún tipo de dolor.

Al arrancarse la mano esta cayó al piso y entonces comenzó a cortarse el cuello, los pocos policías que tenían suficiente estomago para ver tal escena sentían que aquel tipo miraba en dirección a la cámara, sabía que allí estaba situada y lo hacía adrede, que pensamientos tan retorcidos debían haber sucedido para que aquel tipo decidiera comenzar a mutilarse.

La grabación mostró que por un intervalo de diez minutos la cámara se vio interrumpida por el denso humo que volvió a invadir el entorno, al retomar se podía apreciar el cuerpo sin mano y sin cabeza en la posición que sería encontrado por la policía.

Las grandes interrogantes eran: ¿Dónde podrían estar la mano, la cabeza y el cuchillo?, sin considerar porque había sido consumado el suicidio.

El caso fue encargado al investigador Carlos Isidro Márquez, quien poseía el mejor historial de casos resueltos de la ciudad como un estomago de sapo, tal era su nivel de tolerancia que una vez ganó una apuesta por almorzar en una morgue con varios cadáveres abierto, durante años había pertenecido a la policía y poseía estudios en psicología.

Se dedicaba con fervor a su profesión, leía cuanto pudiera sobre casos curiosos, investigaba sobre perfiles y rasgos especiales en diversos casos sin resolver, también se levantaba a las cuatro de la mañana para hacer ejercicio, se preocupaba de su condición física.

Entrenaba en campos de tiro y procuraba leer cuanto pudiese sobre casos policiacos asombrosos o pocos comunes, investigaba con detalle aquel caso antiguo sobre el Demonio de los Andes y durante mucho tiempo pedía los casos más peculiares que existían.

Poseía tan solo treinta años, era casado y padre de  una niña de solo dos años y un muchacho que hacía de su asistente, era un padre amoroso aun en el poco tiempo que usaba para sus deberes paternales.

De todos los investigadores en el comando policial el solicito dicho caso, muchos esperaban usar de excusas las vacaciones o preferían ser asignados a casos de narcotráfico, no todos tenían un estómago y una cordura tan fuerte para lidiar con asuntos tan oscuros de la mente humana.

El jefe de la policía acepto de buena gana, era su investigador experto y nunca antes había dejado ningún caso abierto. Le confió la tarea de solucionar todo y le recomendó tener cuidado en la investigación, había ocurrido un suicidio similar, esta vez era una mujer de cuatro décadas y no llevaba relación aparente con el primer suicida, aunque el suceso fue una semana después.

Ambas muertes solo poseían algo en común, cabezas y manos derechas desaparecidas asi como no era posible visualizar todo el suicidio en las cámaras cercanas.

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Primer Capítulo: El Hospital


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El Hospital Psiquiátrico Ponce Di Lorenzzo fue fundado tres décadas después de la Gran Guerra, gracias a una donación de un hacendado de la Sierra y fondos recolectados por la junta municipal, logró ser construido en los terrenos cercanos al cementerio general la ubicación más idónea que se les pudo ocurrir para sobrellevar las noches de gritos incontrolables.

Por un lado se podía encontrar la locura a la derecha y en la izquierda la muerte, aquella calle que separaba ambos lugares fue bautizada como “sueño”.

Los primeros pacientes del hospital fueron familiares de políticos, empresarios y familias poderosas que deseaban que sus cercanos tuviesen un lugar acogedor donde descansar, pero en el fondo todo era para alejarlos del ojo público y no ocasionen estragos.

Con el pasar de los años el hospital fue bastante reconocido, los fondos nunca le faltaron, pero la Segunda Gran Guerra del cincuenta hizo que todo diera un giro significativo, los hospitales estaban saturados y los heridos eran exorbitantes, muchos fondos que eran destinados para el embellecimiento de las instalaciones fue otorgado al gobierno e incluso recibieron aquellos soldados que sufrieron cuadros severos de estrés por culpa de la guerra.

Los médicos se encontraron ante un nuevo desafío que pudieron encarar gracias a la ayuda del Instituto de Seguridad Social de Fuerzas Armadas, de tal manera se pudo hacer un piso especial para que los exsoldados convivan y puedan mantenerse en su entorno, al interactuar con otros pacientes se generaba situaciones de incomodidad que incluso llego a violencia.

Las instalaciones de primera clase, el personal era escogido con sumo cuidado por medio de diversas pruebas y referencias, se buscaba que no posean antecedentes de violencia y con experiencia en la trata de pacientes complicados.

Existían varios pabellones que lograban separar las supuestas clases del hospital, por un lado se encontraban los internos, aquellos eran pasantes que poseían su propio sector en el hospital y se turnaban las guardias.

El pabellón inicial al entrar el hospital era para los pacientes con familias pudientes y que poseían lujos que los pasantes envidiaban, televisores, obras de arte y decorado especial para sus cuartos.

El pabellón al fondo de la plazoleta pertenecía a los pacientes que habían llegado por ser declarados un peligro para la sociedad, se mantenían aislados totalmente del resto de internos y no les era permitido salir a la plazoleta, poseían su propio patio para distraerse  su pabellón era el de mayor seguridad, tan solo doctores específicos podían entrar, los pasantes no se encargaban de ellos desde que uno sufrió un ataque y perdió un par de dedos de su mano derecha, lo cual generó una disputa con la facultad de ciencias médicas de la universidad estatal.

El pabellón en la derecha de la plazoleta pertenecía a las habitaciones que servían de bodega, cuartos de reposo para los guardias de seguridad y enfermeros a su vez se encontraba una sala para almorzar que ocupaba solo el personal.

La decoración de dicho hospital era de un estilo gótico, toda la construcción fue hecha por la junta municipal bajo los caprichos de aquel donador, en una carta, especifico que deseaba sean recibidas todas las personas peligrosas hacia la sociedad, nada debía de salir de allí y procurar darle el mejor tratamiento posible para revertir aquella maldad latente en su cabeza.

También fue entregado un cuadro decorativo con dos hombres vestidos con gran garbo dándose la mano como un recuerdo de su benefactor que supo marcar las iniciales D y G.

Cada pabellón contenía tres pisos con excepción de la bodega que ostentaba tan solo dos, la plazoleta poseía muchas bancas las cuales en su mayoría estaban ocupadas por los pacientes, era el lugar preferido por varios, poseía una cúpula de vidrio junto a muchos árboles, el ambiente era fresco con brisas que amenizaban el entorno.

Los directores del hospital eran seleccionados por la junta municipal y ejercían el cargo en un despacho que se ubicaba en el pabellón más acaudalado, estaban siempre supervisando los records de aquellos pacientes que llegaron por casos violentos, temían recluir alguien que pudiese estar conectado con una organización criminal o ser dañino incluso para la institución como asesinos que se hacían pasar por loco para evitar las prisiones.

Durante décadas el hospital fue bien administrado y nunca existió casos de abusos en cerca de las ocho décadas de funcionamiento, pero un día algo cambio dentro de las instalaciones y los reclusos que altero toda esa relativa paz que puede poseerse en un manicomio.

Siguiente Capítulo: Un Crimen Atroz

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