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Capitulo Veinte

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Los purificadores celebraron la caída de la torre con algarabía, algunos sabían que con aquel sujeto fuera de su camino todo sería más fácil, aunque solo les disparo en brevedad logró matar a ocho de ellos con impactos directo a la cabeza y otros al pecho.

— ¡Cállense! Yo iré a confirmar si él se encuentra muerto así que ustedes vayan bordeando el pueblo por el lado este y yo partiré desde el oeste a los escombros, arrinconen a todos y no dejen sobrevivientes—les miró mientras su rostro mostraba venas marcadas y sus ojos eran llenos emoción, partió corriendo con pisadas fuerte que marcaban la tierra como una bestia.

David llegó donde Joaquín que seguía estupefacto por lo que vio y le comunicó que aquel sujeto era inmune a las balas así que debían eliminar al resto para luego encontrarle un método de ser herido, este respondió que si ese tipo se empeñó tanto en atacar a Juan y supo reconocer su arma quiere decir que deben tener cuentas pendientes.

Ambos coincidieron con esa presunción y consideraban que de estar muerto ese tipo debería ir a buscar su cadáver, es inmune a las balas así que puede darse esa libertad y por lo tanto debía haber replegado sus hombres en un rumbo ajeno al suyo, tal suposición la hizo David basada en la seguridad que mostró el gigante en dedicarse a tirar piedras y no darle importancia mientras él le disparaba.

Los animales del pueblo fueron llevados a una especie de granjita al norte de todo para que así se mantengan lejos de las balas y estaban amarrados para que no saliesen despavoridos por el sonar de las armas.

— ¡Mierda! ¡Demonios! ojalá solo este herido y no muerto—Dante sentía preocupación por Juan mientras escuchaba a lo lejos disparos.

—Debe estar muerto, nadie sobreviviría a tal caída pero no ser así espero se reponga pronto, si lo vamos a socorrer podríamos perder la formación—respondió Vicente mientras notó como Lucio se le acercaba saliendo de la mansión.

—No es tiempo de preocuparnos, deben replegarse e ir de apoyo hacia donde David y guiarlos al este, disparen a los sujetos vienen como avalancha y su líder se encuentra rumbo a la iglesia, aquel sujeto no es rival para nosotros así que mejor vayan y avísenle a Joaquín para que logren parar el avance de esos sujetos, conforme vean que están ralentizando el peso ustedes retrocedan de a poco para que estén al alcance de los rifles dentro de la casa y así someterlos—Lucio les comunico como había cambiado el plan, María sentía todo aquello que pasaba dentro del pueblo y pudo notar que Fernando no era alguien común e incluso sentía preocupación porque no percibía  Juan y de encontrarse este muerto nadie sería rival para aquella bestia.

Dante, Vicente y una docena más de hombres corrieron hacia la posición de David y Joaquín los cuales se encontraron defendiéndose de una lluvia de balas, para su dicha tenían donde cubrirse y disparaban a discreción, aquellos sujetos tenían la desventaja que para avanzar había que cruzar varios metros sin donde ocultarse y conforme salían a disparar eran retenidos por los hombres del pueblo.

— ¡Maldición! ¡No podemos avanzar de esta forma y el jefe se encuentra ocupado! ¡Si él estuviese aquí nos haría un camino fácil! ——maldecían mientras disparaban a ciegas, no tenían tiempo de apuntar, ya habían sido alcanzado ocho de ellos, aunque eran mal se encontraban mal ubicados, pero supusieron que debía de haber menos hombres del lado del pueblo así que disparaban alternándose para así obligar a los otros gastar sus balas, sabían que por más preparados este el pueblo estos no contarían con muchos recursos.

La balacera continuo y conforme se dieron cuenta que iban hiriendo a los invasores también habían caído cerca de cuatro de sus hombres, dos heridos fueron arrastrados hacia la mansión para ser atendidas y el fuego se mantuvo constante para evitar que tomaran cancha en el pueblo, Vicente les explicó que lo mejor que podrían hacer era seguir diezmándolos hasta que contaran cuarenta bajas para así retroceder al terreno en el campo de visión de los rifles así lograrían junto a dos docenas de hombres que se replegaron en los extremos del pueblo acorralarlos y acabar con la invasión.

Fernando fue a toda velocidad hacia la iglesia, árboles o casas en su camino las golpeaba y pasaba sin ninguna molestia a los pocos minutos llegó al lugar que yacía lleno de polvo y escombros.

— ¡Sal de allí! ¡Maldita rata blanca! ¡Deja de hacerte el muerto! —comenzó a gritar mientras tiraba hacia los lados las bancas y seguía rumbo a los escombros en el fondo de la iglesia.

Juan estaba tirado bajo algunos escombros escuchando el grito del gigante, solo cargaba un revolver en su mano y a lo lejos pudo ver el otro bajo varios escombros, al derrumbarse el edificio se sujetó bien y antes de caer con todo y pilar se tiró sobre el techo el cual colapso y los restos cayeron sobre él, el cuerpo le dolía por montón y sentía sangre correr de su ceja izquierda.

Su boca estaba llena de polvo y hierro, escuchaba los gritos pero pudo inferir que Fernando no lo distinguió aún entre tanto escombros así que espero esté más cerca mientras le apuntaba al rostro.

— ¡Maldito bastardo! ¡Sino sales pronto matare a todos con mis manos! ¡No tengo necesidades de armas y lo sabes! —conforme fue avanzando pensó ver un breve brillo entre los escombros y de pronto en un rápido movimiento Juan se levantó erguido mientras le disparó al rostro, se hizo hacia atrás y fue a remover los escombros que cubrían su otra arma, pero una banca le fue lanzada la cual logró soportar cubriéndose con los brazos, sus piernas flaquearon por un momento y al ver con más claridad vio aquel gigante corriendo hacia él como toro en una embestida.

— ¡Carajo! ¡Dadme un maldito respiro! —le esquivo tirándose a un costado y le disparó atrás de la rodilla obligándolo a inclinarse.

— ¡Respiro! ¡Debiste dejar de respirar aquella vez en la prisión! —le gritó mientras se incorporaba sacudiéndose el polvo.

— ¡Cállate maldito perro! ¡Tú y todos esos bastardos que siguieron a Lázaro están enfermos! ¡Solo crean muerte a su paso! —escarbo en los escombros y tomó su arma faltante, le apunto mientras mantenía distancia.

— ¿Acaso te olvidas que tu reputación se debe a crear muerte también? ¿El mejor pistolero de Tarqui o acaso no era así como te nombraron? ¿Debes de tener unos cientos de bajas y eso es mayor al número de personas que un asesino como yo ha matado? ¿Acaso no puedes aceptar que para cazar monstruos tuviste que convertirte en uno?, mírate allí hecho trapo lleno de rasguños y no muerto, ningún hombre común sobreviviría tantos años, pero tu mi estimado compañero de celda has paseado por el infierno vestido de tu pretencioso traje blanco y juzgando no a dedos como si no tuvieses las manos llenas de sangre—el tipo comenzó a reír mientras seguía dándole la espalda a Juan.

— ¡Pedazo de animal! ¡Morirás en este pueblo como un perro olvidado! —acariciaba el gatillo mientras su sangre hervía el coraje, le miraba con detenimiento y estaba concentrado en él, sabía que de errar pasaría un pésimo rato si sus manos le alcanzaban.

—Tú lo has visto, tus canes que tanto te enorgullecen no pueden herirme y he venido con suficientes personas para reducir este pueblo a nada más que escombros, seré misericordioso y te permitiré una ejecución pública si te rindes ahora y me besas los zapatos—se giró y comenzó a caminar con las manos abiertas sonriendo con leve rasgo de sadismo.

— ¡Tú y Lázaro pueden irse al carajo! —camino hacia él y apunto al frente, disparo y aquellas balas fueron tan potentes que al impactar con el cuerpo de Fernando le hicieron caer al piso como si un golpe en la boca del estómago le hubiese impactado, Juan no tenía más balas en las armas y comenzó a cargar mientras tomaba aún más distancia, aunque no podía matarle sus disparos a cierta distancia le provocaban dolor, trataba de entender qué tipo de maleficio le protegía para que sus armas no hagan efecto, escuchó a lo lejos el tiroteo y lamentaba no ser de apoyo pero si él no detenía aquel monstruo nadie más podría.

— ¡Maldito hijo de puta! ¡Eso dolió! —se incorporó pero el dolor le doblegaba y vio como Juan seguía apuntándole.

—Puedo seguir haciendo esto hasta que te desmayes del dolor y créeme que lo disfrutaría—le comenzó a disparar mientras vaciaba toda la carga de ambas armas hacia su cuerpo, este no hizo más que cubrirse y los impactos le hicieron poner una rodilla en piso, Dante sabía que en el momento que sus armas se vacíen debía comenzar a correr, porque no tendría suficiente tiempo para cargarlas.

— ¡Haz lo que quieras! ¡Una vez te quedes sin carga será mi turno! —comenzó a reír mientras se cubría con los brazos, el cuerpo le dolía como si fuese golpeado y la marca del impacto ardiera en sus músculos.

—Tienes razón hasta aquí llegamos mi estimado—Juan hizo su ultimo y tiro y comenzó a correr, se tiró por la ventana y se alejó de la iglesia lo más rápido que pudo para cargar una de sus armas, comenzó a escuchar como un par de golpes retumbaban en la iglesia y de pronto una pared colapso mostrando a Fernando con su camisa destruida y lleno de polvo sonriendo.

—Ahora jugaremos a las cogidas y si yo gano me quedo con tus armas—se agacho a coger piedras, Juan le apuntaba y cuando vio que tenía bastante en una mano le disparo hacia los dedos haciendo que se le caigan.

—Creo que no tengo tiempo para tus juegos y tretas, así que es mejor que te quedes quieto por un momento y respondas, ¿Qué quieren en este pueblo? —le siguió apuntando, aquella pregunta hizo a Fernando borrar su sonrisa mientras se puso erguido.

— ¿Porque haces tal pregunta? Sabes que vamos de pueblo en pueblo atacando y haciendo vandalismo como para que aun dudes de nuestras acciones, les buscas razones a lo incuestionable y quieres una explicación como si te debiese algo—

—Podía haber ido atacar todos hacia La Alborada, pero cuando pase por Garzota escuche los rumores que deseaban ir aquí primero, algo se encuentra aquí que es más importante que tomar la estación de tren de la región, incluso lo suficiente para que no hayan usado explosivos y solo armas, creerían que no me percataría que solo piensan arrasar con las personas en vez de destruirlo todo como intentaron aquellos tipos en Guayacanes—algo sabía Fernando por el silencio que guardaba.

—Eres muy inteligente Juan, pero tanto conocimiento es un pecado, deberías concentrarte en ser ignorante como gran parte de la población, mira estos hombres de pueblo sus vidas eran sencillas hasta que tú y los míos llegaron, han tratado de comprendernos pero solo obtuvieron miedo, terror, ira y odio. Emociones negativas y gane o pierda cualquiera esto es una cicatriz en la mente de todos, debería ver que tan rotas están las personas que dejamos ir en Garzota solo con el fin que los desmoralicen a ustedes, pero te han seguido como si fueses un ángel guardia a quien alguna vez le cortaron las alas por querer vivir en el cielo—tenía dos piedras, una en cada mano, dichas palabras incomodaron a Juan que le disparó y después del segundo impacto le tiró ambos proyectiles, uno logró rozar el hombro dañándole la camisa y raspándole mientras el otro dio de lleno en el hombro hiriéndoselo y provocándole.

— ¡Bastardo! —su hombro le dolía y alzarlo le ocasionaba molestias, con su otra mano le apuntaba y comenzó a hacerse hacia atrás de manera lenta, había visto en el pueblo un pozo viejo que estaba ya tapado y al ras del piso que le dio una idea.

—Solo fueron una piedritas debes alegrarte que no tengo interés en usar algo más duro, pero créeme que te partiré cada miembro hasta que suplique piedad y mataré a cada uno de los pobladores frente a ti torciéndoles el cuello como un pollo, esta vez será el segundo pueblo devastado por tu existencia, recuerda porque llegaste a la prisión—aquellas palabras hicieron enfurecer a Juan que comenzó a descargar su arma en la mano derecha de Fernando agotando toda la carga y cuando alzó su brazo herido hasta quedarse sin disparos pudo notar como los dedos de este se veían agrietados y sangrando.

— ¡Bastardo! ¡Ya viste que no funciona! ¿Qué piensas hacer? —Juan le disparó en otra parte del cuerpo y pudo notar como











Decimo Noveno Capitulo

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Había tan solo pasado un día desde la llegada de los refuerzos y el discurso del alcalde, según Lucio presentía que llegarían sobre la tarde, había puesto un vigía en todo el trayecto el cual aviso ver un enorme grupo de hombres salir de Garzota, eran tantos que hizo sentir miedo en el corazón de aquel indio que regresó a toda prisa en su caballo.

Tuvo la dicha que los contempló de lejos con su catalejo y de no ser detectado, logró al ojo de buen cubero calcular más de ochenta hombres a pie que se encontraban encabezados por un sujeto gigantesco de piel negra y con apariencia imponente, supuso que este debía ser el jefe de todos.

Llegó al pueblo como un relámpago, su miedo y terror fue transmitido al caballo el cual galopo con tal velocidad que parecía un viento huracanado, cruzo hacia la plaza donde se encontraban el alcalde, Lucio, Dante y Juan Batista en una reunión, los demás civiles ya estaban refugiándose y los que combatirían se encontraban en su posición.

— ¡Los he visto! ¡Son demasiados! ¡Hay un sujeto enorme que parece casi un oso comandándolos! ¡Vienen a pie! —gritó aquellos enunciados mientras tomaba aire y mostraba nerviosismo.

— ¿Cuántos podrías calcular que son? —Vicente le preguntó mientras pidió que le traigan agua.

—Si vienen a pie podrían tardar aproximadamente tres a cuatro horas en llegar—intervino Lucio.

—Fernando se llama aquel sujeto, al igual que Lázaro no es alguien común y se puede considerar como su mano derecha, yo personalmente lidiaré con él pero necesito que se ocupen del resto de tipos—Juan sabía que tan peligroso era aquel sujeto y buscaba apartarlo del resto de malhechores para que no genere daños significativos, pensó que Lázaro lo mandó para así atarlo de manos y el resto arrase con el pueblo.

—Son más de ochenta y creo que llegan a cien hombres, ahorita son las ocho de la mañana puedo suponer que llegaran entre las doce o una de la tarde—sentía más calma aunque las mano le temblaban.

— ¡Demonios! Son muchos más de los que pensé la situación será más agobiante, apenas tenemos un total de setenta personas sin contar a Lázaro, Dante y mi persona, en caso que manden refuerzos desde Garzota nos veríamos muy debilitados—Vicente comenzó a pensar que existía una ayuda externa que debía estar apoyando a Lázaro y considero que podrían verse envuelto intereses políticos con aquel demonio.

—Estamos esperando que ellos vengan, aquí tenemos mucha ventaja de campo y haremos que se choquen con nosotros de tal forma que se arrepentirán de venir en caso de mandar refuerzos o ser superados debemos refugiarnos en mi casa y resistir—Dante tomo la palabra mientras notó como se acercaba Belén junto Fernanda invitando a los presentes a desayunar en una mesa improvisa en la plaza.

Todos tomaron asiento para degustar del que podría ser su último desayuno, Vicente estaba animado creía en la victoria y aunque la notica le estremeció supo que solo teniendo determinación lograrían ganar, Juan se mantenía en silencio y tomó asiento junto a Fernanda mientras esta lo contemplaba asombrada le había visto de reojo en su negocio y aunque le temió por como mató un sujeto algo dentro de sí comenzaba a florecer, preguntó a varias personas de Juján por sus hazañas y se emocionó de ver aquel tipo apoyando al pueblo.

Su rostro aunque era joven mantenía leves cicatrices, sus facciones eran finas y su piel blanca hacía juego con aquellas ropas tan señoriales que vestía, usaba un pantalón negro con zapatos de cuero de apariencia fina igual oscuros, camisa larga blanca abotonada y un abrigo oscuro, poseía vendas en sus brazos y las manos eran cubiertas por guantes blancos de cuerpo, sus espejuelos negros eran finos con patas doradas y se podía notar que usaba pulseras en sus manos, sus dientes eran blancos y parecían colmillos, no poseía ningún rastro de vello facial y su cabello negro azabache crespo con una cola en v y patillas cortas en puntas. En el pueblo muchas personas le veían con admiración otras con sorpresa, comentaban que nunca se sacaba dichos espejuelos e incluso paseaba por el pueblo de noche con ellos sin tropezar, algunos bromeaban que debía tener ojos bastantes feo y ella recordó una charla en su negocio donde le explico que perdió un ojo.

— ¿Cómo ha estado señorita Fernanda? —logró verla mientras ella hacia un pequeño gesto para contemplarlo pensando que no se daría a notar.

—Bien…algo asustada como todos, pero ando bien—miraba hacia la mesa y sintió nervios por un momento logró distinguir en los espejuelos la silueta de aquellos ojos.

—Lamento aquella escena que viste, pero me encontraba haciendo mi trabajo y eso sucede casi siempre—no comió nada de lo que le ofrecieron.

—Sí, comprendo que es  a lo que te dedicas, me encuentro bien aunque tengo miedo de que pueda suceder, si no resistimos todo el pueblo será arrasado y me crie aquí así que temo por el bien de todos—la muchacha apretaba ambas manos con nerviosismo.

—Nada malo sucederá, aunque puedan existir bajas te aseguro que el día de mañana el pueblo seguirá y por más nublado que veas el futuro para todos yo seré el sol que se antepondrá ante la oscuridad—le sonrió a la muchacha mientras se levantó para alistarse. Cargaba consigo ese bolso oscuro que parecía ocultar algo.

—Gracias por aquellas palabras, no deberías irte sin comer y te aconsejo pruebes todo esta delicioso, Belén y yo lo cocinamos para ustedes—le sonrió mientras notó como Juan tomo un vaso de jugo de naranja.

—Agradezco tu esfuerzo, pero para mí comer no es algo necesario al igual que dormir, por azares del destino no soy como el resto de ustedes no tengo necesidades básicas y todo aquello que como es como si fuese mascar aire, no tengo sentido del gusto casi y ando algo con prisa iré alistarme para lo que sucederá—se despidió de ella con un beso en la mejilla que sonrojó a la muchacha la cual al verlo dar la espalda le tomó de la mano.

—Si deseas alistarte tengo las llaves de mi casa aún, quizás allí podrías prepararte y conversaríamos más en intimidad, no pienses mal de mí pero siento miedo de irme de este mundo y dejarlo sin haberme dado la oportunidad de sentir la piel de alguien—se sonrojó mientras pudo notar que Juan le dijo que le acompañaría.

Caminaron sin decir ninguna palabra, ella soltó la mano de él y notó que andaba sin demostrar preocupación por lo que vendría en pocas horas.

— ¿Acaso no tienes un poco de miedo? —la chica quería conocerlo más a fondo.

—No, cuando matas a alguien pierdes el miedo o consigues llenarte de él y como veras en mi caso yo lo perdí—su voz era seria y hablaba de manera corta.

— ¿Cuántas personas has matado en tu vida? —sentía miedo e inquietud en realizar aquella pregunta.

—Cerca de unas ochocientas o novecientas sino me equivoco, aunque cómo va la situación espero hoy poder sumar unas treinta más—

— ¡Eso es demasiado! ¡Cómo puedes estar tan tranquilo después de matar cientos de personas! —la chica sintió indignación ante aquella respuesta tan fría.

—Todos aquellos a quienes mate eran otros asesinos, violadores, corruptos y personas tóxicas que no merecían continuar, una vez maté a un tipo el cual tenía veinte victimas en su haber y de no haberlo detenido ese número hubiese incrementado, aunque has de pensar quien soy para atribuirme la acción de matar y juzgar créeme que los padres de las víctimas y familiares me agradecen, existen lugares en este país y en Tarqui donde soy considerado un ángel de la muerte justo con dos revólveres como su guadaña—

—Si lo dices de aquella manera suena convincente…pero siento lástima por ti la verdad…que tan cansado debe estar tu mente y cuerpo para seguir en una tarea imposible de terminar—la muchacha se apeno de Juan, le parecía alguien deseando erradicar todo mal sobre la tierra algo que jamás podría suceder.

—No me encuentro en una cruzada contra el mal, aquellos que están a mi alcance son juzgados y condenados, pero mi verdadero objetivo es otro y no he de lograr tener descanso hasta que sea cumplido—

— ¿Que es aquello que quieres lograr o buscas después de tantas muertes Juan? —la muchacha le vio con curiosidad mientras sentía nervios por decir su nombre.

—Samael Yana él es a quien estoy buscando, aquel sujeto creo a Lázaro y muchos conflictos más, si logro detenerlo sería suficiente para que pueda descansar—

— ¿Qué harás de una vez por todas cuando ya lo detengas? —la chica sentía un vacío enorme en la voz de Juan al responderle.

—No lose, creo que ya no tendría sentido mi existencia en ese caso porque solo vivo por un motivo, el final de Samael también sería mi propio final—

Después de aquella aclaración caminar unos cuantos minutos más en silencio hasta que llegaron al lugar, todo el sector parecía abandonado aunque el sol era brillante y en la lejanía se podía ver una nube de lluvia que avanzaba con paso de tortuga. Entraron y escucharon el eco de la puerta, subieron al cuarto principal no sin antes Fernanda revisara que aun tuviesen agua limpia, en tan salo pocos días el hostal fue vaciado y los residentes se refugiaban en la mansión de Dante.

Ya en la habitación Juan tomo asiento en la cama que era cubierta por una sabana celeste, la habitación era elegante y tenía cuadros de Fernanda conforme creció en ellos podía verse a su padre, pero en las últimas fotos brillaba por la ausencia.

—Tú padre y tu tienen los mismos ojos—Juan se sacó los espejuelos.

—Sí, mi madre dice que mirándome se acuerda de él, fue un gran hombre que se enlistó en la Guerra y su batallón cayó faltando solo un mes para que la guerra terminase—la muchacho sollozó mientras secaba una lágrima en su rostro.

—Lamento haber escuchado eso, aquella Guerra fue muy dura para muchos en este pueblo como puedo ver, en Tarqui fue infernal, en dicho país habían atravesado la Guerra Naval la cual debilitó la nación y posiciono todo para que el partido del dictador encamine los sucesos que desembocarían en la Guerra del Fin del Siglo—comenzó a sacarse las botas.

—Debió ser duro para ti ver como tu país caí en tal inmenso caos y tus compatriotas sufrían a causa de la Guerra—la muchacha se sacó sus sandalias mientras logró ver los ojos de Juan, le parecían hermosos pero llenos de una profunda tristeza.

—No soy de Tarqui ni de aquí, la nación de dónde vengo cayó hace muchísimos años y casi nadie la recuerda o reconoce—se sacó el abrigo y lo tiró hacia un costado.

— ¿De qué país eres, aunque no pareces oriundo de Tarqui viéndote con detenimiento? —la chica le abrazó por la espalda mientras pudo sentir su cabello crespo y notar sus manos con vendas.

—Debí nacer y crecer en la Isla de Chaska según recuerdo, se encontraba en el mar frente Tarqui, aunque no éramos reconocidos como un país por el resto del mundo había un pacto con Tarqui de protección y nosotros abastecíamos de víveres. En aquella Isla se mantenía de regla no mezclarse con gente del exterior y gran parte de la población tenía heterocromia, otros casos eran de gemelos y hubo aquellos que fueron desterrados por irse a buscar suerte en Tarqui—cogió sus dos armas y las puso en la mesa de noche.

—Cuando era niña nos enseñaron que aquella Isla era una provincia más de Tarqui y que hubo una revuelta violenta, pero no habían más datos—le acarició el rostro con los dedos mientras sintió la rudeza de su piel.

—En la isla todos los huérfanos eran criados y entrenados en campos de educación, algunos eran enviados a Tarqui para que así posean no solo posean vivieres sino que personas con capacidades superiores, se le conocían como granjas a dichos lugares y yo forme parte de una, cuando crecí a la edad de dieciocho años en vez de ser enviado hubo un hombre que había sido desterrado y volvió para liderar una revolución en la cual proclamaba que debíamos constituirnos como un país independiente y asumir la soberanía, con aquel hombre llegaron varios barcos, había sido un General en Tarqui que logró obtener influencia y fortuna la cual uso para mejorar la Isla, reforzó la flota existente y poseía un gran buque de guerra que eliminaron de la historia, Orión—se sacó sus guantes mientras beso la mano de la muchacha que tocaba su hombro.

—¿Por qué borrarían de la historia aquel Buque?, debió ser duro para ti crecer en aquel lugar sin padres y solo ser adoctrinado—la muchacha vio aquellas cicatrices en sus manos y brazos, sintió empatía de él y lo abrazó con más fuerza mientras comenzó a darle besos en la espalda.

—Aquel Buque fue hecho por Tarqui, gracias a un grupo que apoyaba al General los cuales habían robado oro al gobierno de Tarqui para financiar la construcción, durante cerca de diez años fue construido aquel armatoste que se consideró la mayor arma en la región, pero Tarqui sintió vergüenza que su propio pueblo apoye a dicho hombre, las causas eran muy simple los que trabajaron en el buque eran nietos y parientes lejanos de gente de la Isla, se rumoreaba que en años antiguos antes de los conquistadores los pobladores aborígenes de la isla fueron quienes llegaron a Tarqui y crearon un imperio indígena a lo ancho del continente, ese buque era tan imponente que incluso los mejores de Tarqui palidecían ante él tanto en tamaño como en arsenal y en aquel entonces el palacio de gobierno se encontraba en la Costa, pero por medio de un ataque fue dirigido hacia la Serranía donde se fortificaron—

—Es una historia muy sorprendente, pero ¿qué sucedió con aquel General y el buque? —la muchacha comenzó a quitarle la camisa mientras notaba marcas de cortadas y heridas de bala, nunca había presenciado tantas heridas.

—El buque imparable fue destruido desde dentro y con ello la Isla no podía mantener su igualdad en combate, fue asediada y solo aquellos que éramos aun jóvenes nos llevaron como esclavos hacia Tarqui el resto fueron asesinado con cañones de barco en la misma isla, yo vi a lo lejos como el fuego parecía engullir todo lo que alguna vez conocí y gracias a mi habilidades logre ganarme un puesto de sicario del gobierno por lo cual se me perdonó mi existencia la cual en Tarqui era un pecado, muchos de mis iguales eran discriminados—

—Has sufrido mucho, más que cualquiera en este pueblo sino me equivoco, e incluso hoy volverás a poner tu vida una vez más en peligro te haré una pregunta y se sinceró. ¿Alguna vez has amado alguien? —la muchacha cruzó los brazos frente Juan mientras se perdía en sus ojos.

—Si, en dos ocasiones, una fue de joven pero ya aquella persona murió en la guerra que te mencione y la otra fue cuando me retiré de asesino para el gobierno, de igual forma todos los queme importaron en dicho momento murieron—tomo de la cintura a la muchacha mientras le dio una sonrisa.

—Comprendo aunque quizás yo más tarde quizás mi futuro sea incierto, quisiera pasar junto a ti—le acarició el rostro y le beso con ternura en aquellos labios resecos, le sujetó del cabello mientras sintió aquella mano fuerte tomarla de la cintura, los labios de él comenzaron a recorrer su cuello y ella solo se sonrojaba mientras le mordía el cuello con ternura.

Se recostaron mientras se daban besos y caricias, ella fue de vestida con suma delicadeza mientras procuraba besar aquella boca con locura, sus manos estaban nerviosas, pero él supo sujetarlas para que no tiemblen más, la sentó sobre su regazo cuando ya ambos se encontraban desnudos y le acarició el cabello mientras los vio a los ojos, notó como la mujer solo quería besarlo y se perdía en su piel.

Al cabo de una hora él le dio besos en la espalda y le aviso que debía alistarse para lo que estaba por ocurrir así que ella accedió a regañadientes y le dio un beso mientras reposaba entre las sábanas, notó como él le beso en el dorso de la mano y en los labios, tomó su ropa y fue al baño para alistarse.

Ella reposaba entre sabanas anhelando volver a estar recostada en su pecho, era su primer hombre y solo con la primera vez que le vio sintió atracción por él.

Juan se duchó mientras su mente divagaba, hace muchos años no compartía sabana con alguien e incluso contaba su pasado a una pasada, se refrescó y comenzó a vestir para aquella misión.

Se cambió de ropa, cargaba un pantalón oscuro con un cinturón en el cual puso sus armas, uso una camisa de algodón blanca que no cerró del todo y una cadena de plata colgaba en su cuello.

En su cintura tenía una canana lista para reabastecerse de balas en pleno conflicto, en su bota derecha tenía un cuchillo escondido y otro en un estuche en la parte de la espalda.

Cargaba estuches con más balas en el cinturón y la hebilla de este poseía un decorado de un paisaje montañoso. Envolvió sus manos y brazo en vendas se puso los guantes que le quedaban ajustados.

—Ya tienes listo tu uniforme y el equipo necesaria, por favor sé que puedo sonar tedioso pero no quiero que mueras—la muchacha envuelta en sabanas le hablaba con ternura, tenía miedo de perderla e incluso pensó que si él moría todos se desmoralizarían.

—Tranquila, he de volver y cuando lo haga podremos conversar, pero ahora debo hacer mi trabajo así que te pido que te refugies en la mansión y mantengas la calma—se puso una bandana de color carmesí en la boca y los espejuelos.

—Estaré esperando por ti, me vestiré e iré hacia la casa de Dante mi madre debe andar preocupada por mí—se levantó, le quitó en brevedad la bandana y le dio un pico mientras lo abrazo.

—Gracias por la preocupación, pero ahora debo partir ¿Acaso tienes una cuerda resistente? —le beso la frente.

—Sí, en la parte de abajo en donde está la recepción hay un cajón que tiene una cuerda que podría usarse hasta para jalar un caballo, ¿Para que la quieres? —le vio inquieta y no imaginaba en que podría usarla.

—Tengo algo planeado, gracias por el desayuno y todo, volveré—le dio otro beso en la frente y bajo cargando su maleta, tomó la cuerda la cual enrolló en su brazo izquierdo y salió rumbo a la plaza.

Dante y Vicente se encontraban reunidos en el centro del pueblo, David estaba en el primer área de disparo esperando que aquella nube en la lejanía se acercara, ya solo era cuestión de minutos. Belén había tomado refugio en la casa de Dante mientras que su hermano se encontraba en los pisos más altos con varios hombres que poseían rifles. Vinicio estaba ayudando organizar a todas las personas dentro de la mansión y José se quedó con un par de hombres vigilando la sala, en caso de lograr entrar a la casa ellos serían quienes advertirían la presencia de estos sujetos.

El alcalde de Juján había muerto por sus heridas causadas a manos del grupo de Lázaro no sin antes relatarle a Joaquín que escondía armas y munición en un sótano secreto de la alcaldía, antes de partir hacia La Alborada este con ayuda de los hombres de David excavaron y lograron encontrar rifles, escopetas, revólveres y mucha munición, aquel viejo hombre había sido un traficante de armas en tiempos de Guerra y ladrón de tierras que hizo fortuna, pero decidió vivir en el pueblo de manera cautelosa, le contó que había escuchado que pronto se darían marchas en la capital y muchos gremios pensaban reclamar al gobierno sobre ciertas medidas impuestas así que existía un rumor de un grupo de ladrones y asesinos a las órdenes de un político de alto nivel que buscaba un golpe de estado. Aquellas armas lograron abastecer a todos en La Alborada y aun así sobraban para dos decenas de hombres más, estaban armados hasta los dientes, algunos eran policías, ex policías y personas que participaron en la guerra o sabían disparar por tener cultivos y dedicarse a la caza.

Juan llegó a la plaza y saludo con todos los presentes que le vieron asombrados por su aspecto el cual justifico que era el método más cómodo de poder lidiar con animales, supo comentar que pronto estaría llegando a la frontera y que estaba listo, le pidió a Dante que avisara a sus hombres que si ven un sujeto enorme de tamaño se alejen de él y concentren esfuerzos en el resto de los sujetos. Tomó la cuerda y partió rumbo a la iglesia, todos le cuestionaban que pretendía hacer y solo señalo la campana, aquel lugar era el más alto en todo el pueblo así que la cuerda era para él en caso de necesitar bajar con apuro.

Una vez ya en la cima de la iglesia tomó asiento mientras sus dos revólveres estaban en sus manos, sentía como estos de por sí solos temblaban y supo justificarlo causa de la emoción de poder cazar, no encontraba placer en matar pero tener la oportunidad de acabar tanto con Fernando y posterior Lázaro le parecía entretenido.

A lo lejos pudo notar como la nube ya había estado en el borde sur del pueblo, pero se encontraba inmóvil, enorme y blanca con gris, notó pequeñas sombras moverse que se cubrían en los árboles cercanos y aunque estaba a una distancia considerable ninguna otra persona con excepción de los hombres de David podía ver dichas sombras, por su parte él había hecho que se oculten en pequeñas cabañas usadas para guardar herramientas y estaban expectantes ante todo lo que pueda ocurrir.

Fernando se encontraba con sus hombres admirando el pueblo, Lázaro le había dicho que cuando el ponga un pie en dicho pueblo su niebla lo cubriría y trabajarían como siempre, aquellos hombres que llevo al inicio eran incrédulos pero en Garzota fueron aleccionados por el líder que les mostró de que era capaz, algunos tuvieron miedo, otros sintieron emoción al ver aquel don y hubo quienes le juraron lealtad y le consideraron alguien digno de ser su cabecilla.

—Tomen refugio en los árboles a mi orden atacarán y quiero arrasen con todos, pero si ven un sujeto usando espejuelos, con ojos de color distinto o grandes revólveres procuren traérmelo y avisen en caso de necesitar refuerzos, aquel que logre matarlo ganara su peso en oro—comenzó a caminar con seguridad y sus manos cargaban dos grandes piedras con el tamaño de un adoquín, varios de sus hombres las había traído en una carreta.

En la mansión todos se refugiaron en el piso más profundo del subsuelo, era amplio y de vigas poderosas así que se encontraban seguros pero el miedo a que podía ocurrir en la superficie los intimidaba, los niños que venían de Juján sentían pavor mientras que Fernanda les contaba la historia de un hombre que logró cruzar las sombras para verse con una joven que había vivido en una prisión de tres pisos en un pueblo lejano, de pronto escucharon un sonido poderoso que hizo estremecer a todos y era la campana de la iglesia, algo le había golpeado con tal fuerza que retumbaba en los confines del pueblo.

Fernando comenzó a caminar, pero conforme se acercó un viento huracanado sopló sobre él y sus hombres con tal fuerza que la nube fue dispersada dejándolos al descubierto, su sorpresa fue enorme, nunca había visto que las palabras de Lázaro fallasen y pudo suponer que alguien en La Alborada estaba haciéndole frente a las maldiciones de Lázaro, comprendió que tendría que arreglárselas y no sería tan fácil, recordó que hace días mandó a un tal Santillán a explorar el pueblo y matar  cualquier sujeto con aspecto de chamán ahora lo puteaba en su muerte porque aquel lacayo suyo murió siendo un completo inútil.

— ¡Maldita sea! ¡Hay alguien capaz de anular las maldiciones en este pueblo!, todos guarde su posición y esperen mi orden, no se alteren solo nos divertiremos más de lo pensado aquí—en el mismo momento que hablo David hizo señas para que le apunten, pero un estruendo salió de la iglesia como un relámpago castigador el cual impactó con la cabeza calva del gigante, pero aquel disparo no hizo ni siquiera un rasguño algo que dejó helando la sangre a David y sus hombres, mientras Juan se sorprendió por aquel suceso que considerable imposible.

— ¡Ya sé dónde estás maldita rata blanca! —el tipo gritó y lanzó una piedra con tal fuerza en dirección de Juan que chocó con la campana, el proyectil quedó deshecho y la campana retumbo con enorme fuerza y se curveo por el impacto, Juan sintió la cabeza retumbar por aquel sonido tan fuerte a su pie que de ser otro hubiese quedado sordo o desmayado, pero por breves segundos sus sentidos recobraron el equilibrio y en ese momento otra piedra impacto con la columna de la iglesia haciéndola temblar.

Los hombres de David a su orden comenzaron a disparar con el sujeto y ninguna bala le hería en lo más mínimo, pero cuando notaron que habían balas disparadas de atrás del tipo se refugiaron.

— ¡Carajo ese tipo es inmune al daño! —gritó un sujeto que se cubría en una cabaña.

—¿Qué debemos hacer?, están disparando desde atrás de él y ese sujeto lanza rocas como si fueran balas de cañón hacia donde se encuentra Juan—el sujeto cargaba un rifle y disparaba entre momentos, había logrado darle alguien que gritó un insulto a la lejanía.

—Debemos replegarnos hasta donde se encuentra Joaquín, aquel gigante quiere lidiar con Juan así que no le demos importancia y concentrémonos en el resto, si logramos acabar con los demás rápido podremos asistir a Juan e idearemos una manera de lidiar con ese tipo—David hizo señal y todos sus hombres comenzaron a replegarse con velocidad mientras disparaban, los limpiadores deseaban seguirlos, pero algunos fueron alcanzados por los disparos de Juan los cuales eran despedazados y tenían miedo de avanzar.

Juan se sostenía con fuerza de la columna y concentraba sus disparos en los proyectiles de Fernando para evitar que destruya su puesto de vigía improvisado, maldecía entre dientes no poder hacerle año, pero creía que al menos mientras entretenga a Fernando este no causaría estragos en el pueblo.

— ¡Maldita sea debo acércame para así causar un daño más significativo! —maldijo mientras notó como los hombres de Fernando le apuntaron, se cubrió poniéndose detrás de la campana justo allí le protegía también un pilar.

La desgracia tocó su puerta porque mientras protegía su integridad de aquella lluvia de balas que suscitó gracias a que al replegarse los hombres de David nadie contenía al resto de limpiadores pudo ver por el rabo del ojo como Fernando lanzó dos piedras más y no alcanzó a dispararle, estas impactaron con la torre haciéndola resquebrajar, se sujetó con fuerza, pero en menos de unos segundos toda la torre se desplomó y el golpe de la caída de la campana sonó en todo el pueblo.

Fernanda sintió un dolor fuerte en el pecho, Dante y Vicente vieron aquella escena impávida del miedo que David voltio y al ver tal suceso reclamo que se apresuren, esperaban con Joaquín detenerlos a raya. Todos los demás pobladores que escucharon aquella caída e incluso María y Lucio sintieron temor de lo que se avecinaba.

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Decimo Octavo Capitulo

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David llegó poco después del amanecer con todos los refuerzos el sol se vio oculto por nubes y por su mente recorría aquellos amargos recuerdos de la guerra donde muchos compañeros encontraron fatídicos destino, mientras otros quedaron con severas secuelas de lo acontecido. Durante minutos divago y recordó que vio al Coronel de Santa Cruz una sola vez con ambas piernas y su uniforme, le parecía un hombre íntegro y severo con carácter inquebrantable que ahora se encontraba derramando sangre de sus vecinos y a las órdenes de Lázaro.

Dante y compañía llegaron en la noche, la distancia entre Guayacanes y La Alborada era muy corta, pero el clima en dicho trecho era demasiado helado y los raudos vientos dificultaban la posibilidad de emprender un viaje a pie.

Se acomodaron en la mansión y una vez allí La Madrina les confesó su nombre era María Auxiliadora Yupanqui pidió que hicieran llamar a Lucio para poder dialogar con él.

Conforme paso casi una hora supo llegar Lucio vistiendo ropas de lana y alpargatas blancas, contrastando con su piel oscura, pero los diseños de su vestimenta le daban un aire elegante y señorial.

—Hace muchos años que no veía un indio tan elegante como tú, exceptuando cuando era quinceañero, pero de eso han pasado muchas lunas e inviernos—la mujer se acercó a Lucio con una sonrisa extendida.

—Usted sigue igual de hermosa con aquellos cabellos como rio recorriendo su dulce rostro mi señora—le tomo la mano derecha y beso su anillo dejando a todos estupefactos por su comportamiento, le conocían como un hombre rudo de trato áspero y antipático con las personas ajenas a su parte del pueblo.

—Sigues igual de gallo bravo aunque los años han pasado, pero he venido porque aquello que acecha tanto mi pueblo como el tuyo es demasiado grande para dejarlo pasar de alto—la voz de la mujer se tornó grave y mostró preocupación.

—Aquel que viene no es un sujeto común me atrevería a decir que incluso supera mis expectativas, durante muchos días logré escuchar sobre él y aunque deseaba conocer más era imposible, ni siquiera los animales más chicos o las aves más poderosas logran cruzar aquel muro invernal en Garzota, una fortaleza helada y de muerte que condenó todo un pueblo—durante días Lucio busco la manera de poder conocer más de su enemigo, pero este se alojaba en un lugar impenetrable y lleno de muerte.

—No es menos de esperar de la bestia que logró reducir a escombros la misma prisión del fin del mundo, de aquel que recibió dones de Samael Yana mi padre y que aun así logró sobrevivir un encuentro con Juan Batista, debemos actuar precavidos y no hacer que sus provocaciones nos estremezcan si logramos detener a sus hombres se verá obligado a salir de aquella fortaleza— la mujer comprendía que Lázaro forjó un lazo maquiavélico con Garzota donde el miedo, muerte y locura le ensalzaba como si fuese una deidad en aquel pequeño mapa del mundo así que debían acabar con sus esbirros para que se reduzca a un reino de un solo hombre en un trono vacío sin adoradores.

—Puse ofrendas en el perímetro del pueblo, no sé qué tan poderoso es el alcance de sus habilidades pero mantengo mis esperanzas que lograremos evitar la niebla aquella que arrasa todo como un huracán furioso—

—Aquellas serán útiles para que pueda darles mi bendición y así no podrá pasar ninguna de sus maldiciones, pero me temo que si manda alguno de sus hombres con protección no podré negarle el pasa, los asesinos y armas humanas no puedo crear efecto en ellos pero nada maldito a más que esté encarnado de manera corpórea podrá atacar el pueblo, vine porque logré ver a través de mis visiones que futuro nos depara sino logramos detenerlo, llévame hacia donde yacen dichas bendiciones—

—La llevaré y será escoltadas por mis hombres junto a mí, pero ¿Qué futuro tan atroz vio para que tome cartas en el asunto? —el indio sentía preocupación, se conocían hace muchísimos años y sabía que aquella mujer debía a ver percibido el infierno en la tierra.

—Vi un ave negra como un cóndor con una herida de bala asolando la costa y todo a su paso era consumido por fuego, su aleteo alimentaba las llamas que engullían todo, aquella ave no es más que Samael y si Lázaro logra ganar aquí aprovechará este caos para tornar el país en un infierno—

—Entonces está decidido este lugar no solo resistirá también tendrá la victoria y de allí habremos de idea como abrirnos paso por Garzota para capturar a Lázaro—

 

Los refuerzos de David ayudaron a establecer una tarima para preparar la reunión en la cual hablaría el alcalde anunciando la decisión que debía escoger el pueblo.

Muchos hombres cargaron los típicos maderos que usaban para el carnaval o fiesta de fin de año y levantaron aquella tarima improvisada y de boca en boca se fueron llamando hasta que la plaza del pueblo se vio abarrotada de personas mientras que en la tarima había un podio y sillas donde se encontraba Dante, Juan, María y el alcalde se levantó acercándose al podio.

Vio en los ojos de los presentes y notó incertidumbre, miedo y coraje en algunos que sentían como ardía un sentimiento de odio hacia aquellos que desean atacar el pueblo.

Sintió un calor en su garganta que no acontecía a ningún tipo de malestar, vio como todos estaban ansiosos e intranquilos y en su mente repaso cada una de las palabras que había preparado.

—Hermanos míos el motivo que nos reúne en esta ocasión nos compete a todos y es de suma importancia para decidir el futuro del pueblo, nuestras vidas y la región—vio como las miradas se posaban sobre él con interés y otros con incredulidad.

— ¡Ya sabemos que somos los siguientes en ser atacados! ¡Vendrán y arrasarán con nosotros!—la muchedumbre gritaba las mismas palabras una y otra vez al unísono.

— ¡Si somos los siguientes! ¡Pero he aquí donde les hago una pregunta! ¿Qué piensan hacer huir o pelear por sus tierras? Este pueblo fue fundado por hombres trabajadores y honestos que dejaron sus tierras a sus hijos, pero ahora un grupo de bestias armadas vienen atacarnos y quieren llevarse todo lo que hemos cultivado con años, lo que nuestros mayores nos dejaron con tanto esfuerzo en un solo día quieren adueñarse de nuestra tierra, nuestra historia e identidad y aquí es donde yo les digo ¡Alto!, no pienso doblegarme ante ningún ladrón enfrente de mis hermanos e hijos así que alzaré mis armas junto a nuestros vecinos de Juján que vienen a saldar la deuda pendiente con aquellos pillos y quienes que no tengan el coraje necesario de pelear pueden ir hacia Guayacanes e ir lejos de esta región, pero quienes deseen permanecer en la victoria o derrota quédense tomen un arma y vigilen las fronteras del pueblo porque nadie que no venga en buenos términos será bienvenido, en Juján se vio un infierno, Garzota de igual manera está sufriendo y Guayacanes ya fue atacada, pero han logrado resistirse aunque sufrieron daños y bajas y solo faltamos nosotros así que les invito a luchar por lo que nos pertenece y todo aquel que sobreviva tomará el día después de la batalla conmigo de la misma botella—su voz fue imponente y enmudeció a todo el público, Juan recordó aquellos años de guerra y considero tales palabras digna de un General.

— ¡Debemos resistir el ataque y devolverlo! ¡Aquí podremos resistir y obtendremos la victoria! ¡Nosotros fuimos salvados gracia aquel hombre! —muchos gritaron, pero aquellas últimas palabras se repetían entre los que llegaron de Juján señalando a Juan Batista.

— ¡Este hombre vino desde el confín del mundo! ¡Él logró acabar con casi dos docenas de asaltantes en Guayacanes! ¡Sus habilidades son dignas de un pistolero legendario! ¡Aquí junto a nosotros luchará para vencer a Lázaro! ¡Les hice una pregunta y deseo la respondan!, aquellos que se vean incapacitados de pelear se refugiarán en la mansión De la Cruz y estarán resguardados para no sufrir ningún daño—mientras gritaba tales hazañas convenciendo al público notó como los ojos de estos se llenaban de seguridad y esperaba ansioso sus palabras.

— ¡Si alzaremos armas! ¡Ni un paso atrás! ¡Nuestra tierra se respeta carajo! ¡Ningún ladronzuelo vendrá a robarnos! ¡Bala para el enemigo y trago al amigo! —fueron muchos los gritos de aceptación y la conmoción enorme, todos habían aceptado recordando aquellos momentos en su pueblo, muchos eran conocidos, amigos y parientes así que marcharse era darle la espalda a su propia sangre y hermanos.

— ¡Nos comenzaremos a distribuir y organizar en los próximos días vendrán atacar el pueblo así que seamos pacientes y fuertes ante cualquier adversidad!—Juan tomo la palabras mientras alzo su arma y disparo a la campana de la iglesia causando que suene con fuerza y aumentando más la conmoción del público.

 

Mientras el discurso acontecía en La Alborada y todos emocionados la noticia del fracaso del ataque de Guayacanes era asumida.

— ¡Esos malditos lograron salirse con las suyas! ¡Me sorprende que hubiesen podido responder tan bien aquella táctica! —el Coronel maldecía e insultaba en la oficina de Lázaro.

—No fueron los pobladores, existe el rumor que quien rige Guayacanes es una mujer robusta de cabellos largos que caen como rio y que en aquel lugar nada malo acontece, pero aun así para ser diezmados de tal forma él debió de estar allí defendiendo el lugar y solicitando ayuda, cree que La Alborada no caerá aquella bestia ilusa—rio al último mientras admiraba una pelea por un trozo de pan entre dos personas.

—Si aquel sujeto es tan hábil y pudo herirte alguna vez es alguien de temer ¿Por qué tú mismo no partes hacia el pueblo con todos los hombres incluyéndome y arrasamos el lugar? —el Coronel tenía inquietud de ver que tan bueno era el pistolero blanco.

—No, si el pueblo es arrasado con explosivos no podría encontrar o investiga lo que deseo a comodidad y a su vez sería una trampa, ellos tienen la ventaja de terreno y su me movilizo sería darles una leve esperanza en cazarme y deseo que ellos mismos se sientan obligado, de igual forma los refuerzos han llegado y con ellos Fernando partirá a primera hora y llegará sobre el medio día para desatar un infierno—Lázaro sabía que si se abalanzaba contra Juan este le esperaría y desconocía el número exacto de todos los refuerzos de La Alborada, también deseaba diezmar aquel lugar sin crear destrozos grandes.

— ¿Qué pasa si nos superan en La Alborada? ¿Podrían marchar y entrar aquí? —El Coronel sentía incredulidad en que sus enemigos logren sobrepasarlos, pero le encantaba contemplar cada posible opción.

—No seremos superados y es imposible que lleguen entrar aquí a más que yo lo permita, Fernando será capaz de vencer aquel pistolero y de esa forma todo será pan comido—su gruesa voz calmo las dudas dentro de Marco.

 

Al mismo tiempo en Juján…

El refugio que armaron los que se quedaron era sólido y estaban planeando como volver a trabajar la tierra, entre los escombros del pueblo había buscado todas las herramientas necesarias, pero en la lejanía vieron un caballo montado por un hombre con ropas oscuras y sombrero de ala ancha.

Conforme se acercaba dicha imagen fue más clara y les dio bastante sospecha, los pocos que cargaban armas le apuntaron mientras vieron aquel sujeto alzar el sombrero y sonreír de manera inocente.

—Muy buenas mis estimados, espero no llegar en un mal momento, mi nombre es Francisco Piza—se sacó el sombrero para saludar mientras se bajó del caballo.

—Has llegado en el peor momento posible, ¿Qué hace un tipo de ropas tan lúgubres en este pueblo o lo que queda de él? —era un hombre mayor el que le apunto.

—Calma mi amigo, vengo de paso me encuentro rumbo a La Alborada soy un viejo conocido de la familia De la Cruz—alzó las manos mientras explicaba todo con una sonrisa.

—Ir a La Alborada no es recomendable justo ahora, se encuentra bajo ataque de unos sujetos llamados los Purificadores, son aquellos que devastaron este lugar así que te sugiero tomes reposo aquí y puedes partir en unos días—el hombre bajo el arma.

—Muchas gracias por tal advertencia mi buen señor y lo haré, pero me gustaría conocer donde hay un refugio eso sí pagaré toda mi estadía y lo que consuma claro también deseo hacerle una pregunta—el hombre se acercó al sujeto mientras se fue sacando sus guantes oscuros.

—Pregunta lo que quieras, son tiempos convulsos esta bienvenida la duda—

— ¿Acaso un sujeto de nombre Juan Batista no ha pasado por este pueblo?, somos colegas y vine en refuerzo, pero tuve altercados en el camino así que me gustaría saber sobre él.

— ¡Santo cielo eres amigo del “Pistolero Blanco”!, claro el paso aquí hace algún tiempo y nos libró de malhechores lo último que supimos es que se encuentra en la resistencia de La Alborada si usted ha sido compañero suyo será recibido con honores le debemos mucho—

—Vaya me sorprende de la fama que se ha hecho, como vera yo soy el negro y él es blanco, pero si el asunto es tan difícil en dicho lugar y se encuentra por librar un combate iré a darle mi apoyo—sonrió mientras volvió a montar su caballo.

—Desearía que descanse, pero siendo su colega debe ser igual de habilidoso y se necesitan la mayor cantidad de brazos en aquel lugar, podría repetirme su nombre, a esta edad se me escapan pequeños detalles—el hombre se acercó al jinete.

—Mi nombre es Samael Yana, el pistolero negro o como me conocieron en Tarqui el Demonio de las Montañas—le sonrió mientras cabalgo como el viento, pensó entonces que pronto se libraría una gran batalla de la cual solo sería un espectador y tendría paciente para hacer su jugada, la herida en su mano derecha provocado por el arma de Juan le hacía sentir dolor algo que no había sucedido en siglos y aunque tenía cuidado de dichos cañones su mayor interés por alguna razón se notaba en la familia De la Cruz.










Decimo Séptimo Capitulo

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Después de un par de horas en la carreta la cual fue usada por Dante para recuperar el sueño lograron llegar a Guayacanes, en menos de dos semanas había vuelto a transitar por aquel pueblito que poco interés le brindaba, era el pueblo con mayor resguardo y seguridad de todos por tener la estación de tren y a su vez se encontraba con una gran cantidad de comerciantes.

Una gran imprenta funcionaba aquí que se encargaba de distribuir los periódicos sobre La Región y también poseía una escuela, gran parte de las personas en dicho pueblo eran jóvenes y escaseaban ancianos. Se organizaban por una junta de personas que sometían todas las decisiones a votación aunque quien la presidía era una mujer de edad avanzada y robusta que era apodada “La Madrina”.

El carruaje llegó por el lado sur del pueblo pero tan pronto como se acerco fue rodeado por dos policías a caballo con armas, habían escuchado los rumores de Lázaro en toda la región y aunque no venían refuerzos de ningún tipo el pueblo estaba en total alerta.

Quien maneje la única estación de tren podría hacer de las suyas con los caminos y dificultar la comunicación entre Costa y Sierra para así generar un caos igual al vivido en tiempos de guerra, todos los turistas y personas que transitaban Guayacanes eran revisados, durante los últimos días obtuvieron la información que cerca del Valle de la capital se encontraban cien hombres esperando atacar con otros grupos insurgentes el palacio de gobierno, pero sintieron temor que dichos sujetos se resguarden en la región y provisionen antes de emprender tal locura.

— ¡Alto allí! ¡Todo aquel que desee entrar al pueblo anúnciese y cuál es su motivo!—gritó un policía apuntando su rifle.

—Venimos de visita para advertirles sobre el mal que azota Garzota y deseamos conversar con los encargados del pueblo—José respondió mientras alzaba las manos.

— ¿Cómo podemos saber que no son enemigos o algún tipo de espía buscando atacarnos? —otro policía le apunto al carruaje mientras se acercaba.

—Es muy sencillo, si fuéramos enemigos ustedes yacerían en el suelo muertos y el pueblo estaría bajo ataque, pero en buena hora venimos para hablar con “La Madrina”, díganle que Juan Batista quiere una audiencia con ella y que me acompaña Dante De la Cruz—el pistolero bajo del carruaje mientras mostró sus grandes revólveres.

—Es él, de quien hablaba la señora, debemos escoltarlos tal como ordeno—musitó uno de los policías mientras les hizo seña que le siguiesen.

—Al parecer estaban esperando nuestra llegada—Dante sentía asombro por Juan, no le había visto bostezar o dormir, era como una bestia al acecho que entre momentos miraba todo su entorno mientras una mano reposaba en una de sus armas.

Caminaron los los senderos de baldosas pálidas del pueblo y Dante pudo ver la preocupación por parte de las personas, cuando llego a la región fue recogido en la estación así que no logro ver el rostro de los pobladores sino el de los operarios que en aquel entonces denotaba una angustia que no comprendía.

Conforme siguieron el camino vieron muchos policías y en un momento dado una anciana junto a su hijo se acercaron a Juan para darle las gracias, le dijeron que sobrevivieron por él y que es tan en deuda, este los abrazos y agradeció aquellas palabras pidiéndole que si desean pagar la deuda háganlo ayudando a su prójimo.

Dante había visto muchas personas aprovechadas en su trabajo conforme pasaron los años logró hacerse la idea de que solo obraban por su interés, pero ante él se encontraba un hombre que irradiaba la imagen de salvador, sus revólveres no eran solo simples trozos de metal que rugían como relámpago y estremecían pavor en sus enemigos, aquel ruido contundente era su señal de hacerse presente demostrando que su determinación es inquebrantable.

Llegaron a una enorme casa de color rosada, dicha morada era casi tan grande como la Mansión de La Cruz y se encontraba resguarda, a su alrededor convergían distintos comerciantes con sus tapetes mientras estos miraban a los visitantes de reojo y preferían no hacer contacto visual.

Las puertas parecían ser de iglesia y tenían un pomo de plata con escrituras en alguna lengua extraña, el interior de la sala poseía colores sepia con cuadros de paisajes y muchas pinturas de las montañas. Vieron al fondo una sala donde se encontraban dos hombres de edad que vestían elegante mientras una mujer estaba frente ellos en un escritorio.

Conforme llegaron a dicha sala los hombres se levantaron, saludaron y pidieron permiso para salir. La mujer poseía largas cabellos negros, cara ancha, robusta y de ojos taciturnos. Sonrió al verlos y les hizo señal de que tomen asiento mientras que José prefirió esperar en la sala, consideraba que cualquier tema a tratar no era de su incumbencia y era irrespetuoso escuchar una conversación a la que no fuera invitado.

—Es muy agradable tener la visita de ustedes en este momento de tanta incertidumbre—la voz de la mujer era ronca y profunda.

—El gusto es mutuo, venimos con advertencias e información sobre los datos que acontecen la región —Juan se sacó los anteojos mientras que Dante solo escuchaba con atención, sentía que aquella mujer era imponente.

—Esos ojos tuyos los reconozco muy bien…hace muchos años no veía alguien de tu tierra y a su vez me asombra verte aquí Juan Batista o debería decir “La Bestia” como fuiste conocido en el “Círculo” —la voz de la mujer se tornó más grave y el ambiente era denso.

—Aquel epíteto no había sido usado hace ya casi una década, me honra que conozca mi pasado, pero me alegraría si puede leer mi futuro y decirme que me esperaría—Juan sonrió mientras mujer extendió su mano.

—Puedo intentar leer que sucederá en tus próximos días, meses o incluso años pero aquellas palabas que te diga solo serán una leve pista y quedan a la interpretación—Juan le extendió su mano derecha que fue tomada por la mujer y Dante contemplo como en un breve instante los ojos de ella quedaron blancos como la leche y susurro algo en una lengua incapaz de entender para volver a la normalidad.

—Entonces ¿Que vio en mi futuro señora? —Juan sentía interés por conocer su fortuna y se puso las gafas.

—No veo nada, es como si una especie de nube tape todo, me encontraba en gran charco de sangre, habían huesos por doquier y neblina, pero a lo lejos se dibujaba la sombra de una montaña y en el viento se escuchaba una bestia, desconozco que puede suceder pero si te puedo advertir que la muerte estará a tu lado sea para bien o para mal, desconozco si ella llegará a ti o serás emisario de muerte—la voz de la mujer sonaba angustiada en todos sus años leyendo fortuna había predicho hechos que nunca irradiaban tanta oscuridad en el alma de alguien y tampoco vaticinaban neblina.

—Aunque aquella visión no me revela nada concreto considero que es una señal que aun seguiré en el rumbo de mi trabajo, pero me gustaría también nos ayude con lo que acontecerá en La Alborada—

—Antes permite que lea la fortuna del joven De la Cruz y conversaremos dicho tema, aunque nos conocemos muchacho puedo decirte que veo en ti mucho por delante, me arriesgo a decir que demasiado—le sonrió a Dante mientras este estiro las manos por curiosidad, nunca había creído en la brujería, zodiaco o fortuna, pero sentía interés por que palabras usaría con él.

—Veo oscuridad en tu futuro no puedo discernir si es por la tormenta que se acerca o algo sucederá dentro de muchos años, pero logro ver que vivirás bastante siempre y cuando logres vencer aquello que te agobia, siento unas cadenas y en ellas hay un nombre “Ema”, también veo una ciudad muy grande, hermosa con un malecón y a ti en un barco, veo aquel paisaje a través de tus ojos, pero dicha ciudad parece ser engullida por las llamas  y a tu alrededor no parece haber nada, pero a lo lejos se escuchan relámpagos y lluvia que buscan acallar el fuego que no se detiene en ningún momento entre las llamas se puede distinguir una forma que engulle casas, personas y edificios…dicha forma es como de un gran cóndor pero de plumaje oscuro con ojos inyectados de sangre y sus alas crean vientos que alimentan las llamas, sus garras parecen poseer marcas de haber sido encadenado y tiene una herida de bala en un ala—la mujer volvió a su estado normal, pero estaba comenzando a sudar frío y sintió su corazón en la palma de su mano lo que vio logro estremecerla, comprendía aquella visión en su totalidad y supo que debía poner manos a la obra.

— ¿Que es todo lo que viste? ¿No comprendo que te refieres con aquel cóndor o el fuego? —Dante se sentía nervioso y alterado por haber escuchado aquella mención de un nombre que ya no era pronunciado ante él.

—El cóndor o aquella bestia que se menciona hace alusión a Samael Yana más conocido como el demonio de las montañas, él fue la persona que otorgo a Lázaro sus habilidades y a su vez es quien maneja muchos grupos de corte rebelde tanto en este país como Tarqui, resumiéndotelo simple es el demonio encarnado que fue asustado tanto por Lázaro y por mí en Tarqui—la voz de Juan denotaba un poco de amargura mientras poso una mano sobre otra mostrando una cicatriz de aquel encuentro.

—Entonces tú fuiste capaz de asustar a mi padre, durante muchas décadas me resguardé en este pueblo esperando que nunca saliera de aquel lugar donde fue confinado, pero cuando supe de Lázaro intuí que solo había alguien capaz de dotar de tal habilidad a un ser tan repugnante y al parecer se le fue de las manos, pero esta visión que tuve hace ver que todo el caos que se librará será una chispa para encender sus planes que parecen incluir a la costa—su voz era temerosa y denotaba escalofríos.

— ¡Un momento! ¿Usted es hija de Samael Yana y no se encuentra de su lado?, aunque todo esto es asombroso me siento un muchacho en comparación de edad con ustedes—Dante se sentía como un niño en charla de adultos.

—Sí, él es mi padre pero hace muchos años deje de reconocerlo, pero al ver como su inminente regreso se anuncia me siento aterrada, en aquel entonces su poder e influencia era tan grande que Lázaro era una hormiga a su lado, pero cayó al más bajo de los niveles y en su locura de poder se le dio cárcel como castigo—comenzó a rememorar sus viejas vivencias en tiempos no escritos, antes que la historia existiese y que los conquistadores llegaran al continente, sentía una brisa de viento virgen en su rostro y escuchaba las olas del mar golpeando las rocas y entre esas espumas recordó como habían relatado los poetas que su padre surgió del mar puro y lleno de imaginación.

—Cuando me enteré que había alguien capaz de leer la fortuna en este pueblo y era mujer supuse debía ser la hija de él, no en balde investigue durante diez años entre los indios de Tarqui y este país, pero ahora que conoce que se puede avecinar ante tal inminente tragedia le quiero hacer la siguiente pregunta ¿Puede venir con nosotros a La Alborada para que en su infinita sabiduría nos proteja de todas las maldiciones habidas y por haber que pueda conjurar Lázaro?, en dicho pueblo hay un chamán muy bueno, pero aun así no está a la altura de aquel demonio que sacrifica vidas con tal de obtener más poder e influencia—Juan acercó su cuerpo hacia la mesa invadiendo el espacio de aquella mujer mientras en su mente reconocía que aunque él no fuera afectado por el muro de invierno o la niebla nada podría hacer por cuidar el pueblo, no tenía tal habilidad, pero aquella mujer sería capaz de mantener a salvo el lugar junto a Lucio.

—Durante años deteste el conflicto, la sangre derramada en los ríos, las montañas con sus innumerables muertos y los valles dedicados a ser zona de batalla me aborrecían, pero cuando la locura de mi padre excedió los límites lo apresamos con cadenas hechas a su medida y grabados para asegurarnos que no escapara jamás de aquel lugar al cual maldecimos mis otros dos hermanos, solo allí vi como la locura fue contagiada hacia el mayor y este le arrebato la vida a la menor de todos nosotros para que en pocas décadas los conquistadores llegaran y doblegaran a todo nuestro pueblo, nunca decidimos matar a nuestro padre por miedo que en aquel momento fuese adorado como mártir y retornase lleno de furia hacia nosotros, pero ahora después de tantas décadas una bestia creada por él viene hacia nosotros como si fuese una marea de locura y tiene un poder inconmensurable que no sé cómo piensan destruir—lágrimas corrían por sus ojos a recordar como la locura extermino a su familia y su pueblo fue diezmado.

—Es verdad que aquel al cual nos oponemos es muy grande, pero incluso las grandes bestias perecen ante la naturaleza como los relámpagos—Juan puso ambos revólveres en la mesa, eran pesados y sonaron con fuerza mientras la mujer los vio asombrada y sonrió.

— ¿Cómo fueron forjadas aquellas armas? He visto decenas de armas desde que el primer disparo fue hecho en esta tierra, pero nunca ningunas tan elegantes y poderosas, siento miedo incluso de escuchar como son usadas aunque no sea en mi contra, siento algo extraño en ellas ¿Acaso con estas armas fuiste capaz de herir tanto a mi padre como a Lázaro? —

—Fueron forjadas por mi persona usando plata y metal recolectados de los cuerpo de inocentes masacrados en Tarqui, aquellas personas murieron por ocultarme del gobierno, solo después de enterrar a cada uno decidí forjar estos revólveres tomando mis viejas armas degastadas por los años de servicio como molde, en una ocasión logre lastimar en sus manos a aquellas bestias, pero escaparon de mí, el ruido que emiten al disparar hace dudar incluso al más valiente y poseen una promesa al igual que yo—acaricio sus armas como si fuesen alguna mascota.

— ¿Qué te refieres con una promesa? ¿Qué pudiste ofrecer para que aquellas armas sean tan potentes? —Dante intervino en el asunto de las armas por primera vez las veía de cerca y notó que tenían grabados en lengua india.

—Mil almas injustas por cada una de ellas, sus cañones no descansarán ni se desgastarán porque solo sirven para repartir justicia y esta nunca duerme, siempre castiga y está allí para el necesitado—la promesa de Juan parecía una descripción de su propia vida en resumen.

—Es un alto precio y un sacrificio enorme, pero en vista de dicha situación y tu solicitud la aceptaré porque donde La Alborada cae todo podría ser el fin de este país, debemos arrasarlos de raíz y no permitir que Lázaro logre alzarse en esta región, pero advierto que no llevaré ningún refuerzo porque deseo la vigilancia siga activa en este pueblo—la mujer se levantó decidida a encarar aquella niebla que nublaba sus visiones.

—Entonces debemos partir sin demoras—dijo Juan mientras recogió sus armas, pero en ese momento entró un policía agitado a la oficina y se comenzó a escuchar estruendos en la lejanía.

— ¡Nos atacan con explosivos y disparos!, no sabemos quiénes son, pero vienen camino hacia acá—tomo aire y poso sus manos sobre su garganta.

— ¡Yo iré! —gritó Juan mientras salió corriendo a prisa como un vendaval, José y Dante salieron detrás de este y notaron como algunas cazas fueron alcanzadas por explosivos que resonaban con fiereza.

Los policías estaban disparando hacia la zona este del pueblo, pero tenían que dispersarse porque les estaban lanzando tacos de dinamita los cuales generaban explosiones demasiado potentes levantando nubes de polvo.

El grupo atacante estaba disperso como si fuesen a rodear el pueblo de diversos puntos, pero todos venían del frente este y lanzaba los explosivos lo más lejos posible mientras mantenían sus disparos en la zona intermedia del pueblo y el lugar de impacto de las explosiones provocando que los policías más distantes teman acercarse por ser alcanzados por los escombros ocasionados o heridos de manera colateral y quienes se ocupaban del frente se veían forzados a mantener su puesto, pero con temor a ser acorralados.

—Los tenemos acorralados a esos pequeños bastardos, el temor se puede oler en el ambiente, si tomamos este pueblo podríamos ganar una recompensa de nuestro líder—dejo de disparar hacia la policía mientras prendió un taco de dinamita que planeaba lanzar, pero en el momento que estiro su brazo una bala impacto en su mano dejando un muñón y el taco cayó al piso, detono y todos los hombres de Lázaro pensaron por un momento que ese pobre miserable se equivocó, pero otros fueron alcanzados por balas que los mataron en el acto.

En cuestión de tan solo treinta segundos cerca de media docena de pistoleros había caídos mientras que había dos policías muertos, ocho civiles y más de una docena de heridos. El tiroteo siguió con fuerza, pero cuando lanzaban los tacos de dinamita estos eran reventados en el aire por disparos así que se vieron obligados a acercarse disparando y esperar estas más cerca para lanzar los explosivos por los techos del pueblo.

Conforme fueron avanzando mientras disparaban notaron que iban cayendo como piezas de domino y en pocos minuto solo quedaban cerca de media docena que supo tomar refugio detrás de unos árboles con bastante hojas.

— ¿Cómo carajos pudieron revertir tal ataque? ¿Quién es tan diestro para atinar desde tal distancia a los tacos de dinamita que nos encontramos lanzando? —cargaba su arma mientras le temblaba las manos, había matado muchas veces pero solo el día de hoy sentía nervios.

—Estamos acorralados, debemos retirarnos lo más antes posible o podrían capturarnos y la situación se agravaría para los demás—musitó con miedo uno de los pistoleros.

— ¡Idiota! si volvemos nos mataran solo debemos tirar bala y acercarnos poco, con un par de tacos más de dinamita tendremos el pueblo destruido—respondió aquel sujeto nervioso.

Cuando se levantaron para ver el pueblo fueron alcanzados por disparos que destrozaban los árboles a lo lejos vieron como un hombre con camisa blanca caminaba frente a ellos y disparó con tal velocidad que solo quedo entre ellos el más miedoso, aquel que deseaba escapar siendo alcanzado por una bala en la pierna derecha y en su brazo izquierdo ambos a la altura de su codo y rodillo quedando destrozados.

— ¡Carajos! ¡Maldita sea!, nunca creí morir en un lugar tan miserable y siento tanto frío—lágrimas de cocodrilo escurría su mejilla mientras se retorcía del dolor y veía como aquel sujeto se acercaba, pensó entonces que era la muerto pero conforme más pasos dieron se fijó en sus armas y supo reconocer que se trataba del digno verdugo que les espera a todos aquellos que atacaron Garzota.

—Sino me equivoco eres un hombre de Lázaro y quiero me expliques tu plan o esperaré junto a ti ver si mueres congelado o desangrado—le pisó la herida de la pierna mientras a lo lejos Dante y José venían a caballo, los policías que lo vieron se sintieron asombrados ante tal uso del revólver y comenzaron a ayudar a los heridos mientras que la Madrina sintió abrigo en su corazón de saber que un hombre con tal habilidades estaba oponiéndose hacia Lázaro y su padre.

—Hagamos un trato amigo, en este estado no sobreviviré y si me llevas a un médico de seguro o bien pudo morirse bajo el ataque o me mataran los pobladores así que te pido un disparo en la cabeza y diré lo que necesitas—le rogó mientras le hacía una seña con la mano de todo bien.

—Me parece justo, ¿Qué motivo tenían aquí?, ¿Cuáles son sus planes y que desean en La Alborada?, responde y ganaras tu disparo, pero me daré cuenta si mientes— le apunto con el arma a la cabeza mientras Dante y José habían llegado admirando la escena.

— ¡Solo nos mandaron atacar el pueblo hasta que agotemos la dinamita y una vez cumplamos dicha tarea y provoquemos destrozó teníamos ordenado volver a Garzota, pero! ¡Maldita sea! .... —de pronto el sujeto comenzó a escupir sangre y como si fuese un acto macabro botó sangre por sus oídos y ojos mientras Dante y José miraban la escena con terror Juan se mostró impávido y le disparo reventándole la cabeza.

— ¡Carajo!, si comienzan a delatarlo se mueren estos malnacidos, están malditos de alguna forma—Juan se mostró enojado y disparó hacia el cuerpo descargado su enojo.

— ¡Que carajos sucedió aquí! ¡Maldita sea! — José sintió estrés en todo su cuerpo, la situación era agobiante para él y aunque comprendía que peligros enfrentaba nunca había presenciado un acto tan nauseabundo y vulgar.

—Creo que veremos más situaciones extrañas conforme se acerque el día prometido—Dante había comenzado a pensar que todo finalizaría mientras logren vencer a Lázaro y así podría dedicarse a lo que vino en verdad.

—Vámonos todos están muertos, cuando lleguemos al pueblo que los policías recojan las armas y la dinamita para que así puedan usarlas un día de ser necesarias—Juan enfundo sus armas mientras camino sin ninguna muestra de sentir frio, su cuerpo parecía no mostrar molestia por el clima ni la fatiga. José había comenzado a notar estos rasgos que le daban miedo, pero a su vez tranquilidad que se encuentre con ellos.

Conforme llegaron al pueblo Juan fue recibido con emoción por todos los pobladores que se acercaban abrazarlo y darle bendiciones, La Madrina comunico que viajaría con ellos y volvería lo más pronto posible pidiendo que se cuiden mucho entre ellos y estén alerta ante cualquier eventualidad.

—Nuestra misión será dura, pero ante tal adversidad lo único que podemos hacer es no dar marcha atrás y poner las esperanzas en días mejores la voz de la mujer era llena de emoción hacia muchas décadas no sentía alegrías en su corazón y aunque se encontraba al filo del destino supo presentir que podrían existir días mejores si dispersaban aquella nube de oscuridad en la región.